Opinión

Demonizando a Marranzini

Demonizando a Marranzini

Desde el período de transición a la fecha, sectores políticos y de la prensa local se han abocado a una innecesaria demonización del señor Celso Marranzini y su gestión al frente de la CDEEE. Los números no mienten, y dentro del limitado espacio que se le permitió accionar en el sector, los resultados son notoriamente positivos. El problema de la electricidad es enteramente político y va a seguir siendo político. Pretender cargar culpa sobre Marranzini solo sirve para crear más incertidumbre.

El anterior vicepresidente Ejecutivo de la CDEEE no podía variar las tarifas, ni iniciar un proceso tendente a privatizar el sector, o aperturar el mercado de la generación sin la autorización previa del Poder Ejecutivo; un poder estructuralmente enfocado en el riesgo político de corto plazo de las decisiones que, paradójicamente, resolverían el problema eléctrico en el largo plazo. Tuvo que jugar con las pocas cartas que le dieron, y vaya que las jugó bien.

Los muy criticados cortes realizados en la CDEEE y las Edes a lo largo de su gestión, no solo redujeron los costos internos, sino que mejoraron su eficiencia, logrando mayores ingresos operacionales y mejorando los índices de cobranza usando menos empleados. Solo esto por su cuenta ahorró al Estado más de 2,000 millones de dólares, en la reducida esfera donde Marranzini pudo actuar.

Celso Marranzini no controlaba los precios internacionales de los combustibles. Tampoco controlaba el desembolso de los fondos para cubrir el subsidio y pagarles a las generadoras, que como la mayoría de los desembolsos para todas las entidades del Estado, se vieron sensiblemente restringidos en la transición. Y mucho menos podía incidir en la oferta de generación, por lo que este hizo lo único que se le permitía en ese contexto, ser transparente.

La labor de Marranzini en la CDEEE aún cuenta con el aprecio del sector privado local, el BID, el Banco Mundial y el FMI, por haber sido apolítica y gerencialmente impecable, logrando avances notorios. El primer mensaje que debió transmitir el nuevo vicepresidente de la CDEEE, Rubén Bichara, es que, no obstante su condición de político, él iba a dar continuidad al criterio empresarial instaurado por Marranzini y evitar su politización. En cambio, el generoso redondeo del monto adeudado a las generadoras y los ataques mediáticos a la gestión anterior lucen ser un paso en la dirección contraria. Criticar al que estuvo antes es tarea de políticos, evaluar el estatus de lo que se recibe, identificar los problemas persistentes, y valorar los pasos positivos dados para resolverlos es tarea de gerentes. Es solo natural que ahora se tema que la política haya vuelto dentro de la CDEEE.          

Descuide Sr. Marranzini que los números hablan bastante claro sobre su positiva labor, y aunque lamentablemente nuestro país está lleno de malagradecidos, yo, aún padeciendo mis apagones, no seré uno de ellos.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación