Como ya los he acostumbrado a esta especie de «obituario» periodístico, en este escrito quiero referirme a una de las figuras más prolíficas en el mundo de la producción intelectual de nuestro país; y es que este próximo 14 de abril, se hace insoslayable, pues se cumplirán 122 años de su nacimiento. Hablo del blasonado historiador y escritor Emilio Rodríguez Demorizi.
Maquinaria de producción de conocimientos e investigaciones y enciclopedia ambulante, Demorizi ocupó relevantes puestos en la administración pública, siendo desde embajador en varios países, hasta pasando por ser ministro de Interior y Policía y de Educación, rector de la UASD, director del Archivo General de la Nación, presidente del Ayuntamiento del Distrito Nacional, miembro de la Real Academia Española de la Lengua y presidente de la Academia de la Historia.
Sabio meticuloso que manejó el dato y la información con meridiana claridad, Emilio Rodríguez Demorizi escribió innumerables obras, de las cuales son mis predilectas la novela La Tertulia de los Solterones —yo me preguntaba cómo Demorizi había logrado saber los pareceres sobre las mujeres de los filósofos griegos, y le descubrí el «truco».
Archivaba ficheros de libros en bibliotecas, entonces iba directo a la cita sobre ese particular—, y La Imprenta y los Primeros Periódicos en Santo Domingo.
Casado con Silveria Rodríquez, hijo de Félix Francisco Rodríguez Jiménez y Genoveva Demorizi de Rodríguez, y además hermano de Alonso Rodríguez Demorizi, el excelso historiador samanense fue para el año 1927 columnista de prestigiosos periódicos dominicanos.
Connotado trujillista «enganchado» a peñagomista en el invierno de su vida, Emilio Rodríguez Demorizi produjo ensayos sobre La Trinitaria, Cristóbal Colón, poesía popular, Ulises Francisco Espaillat, Lengua Española, pintura y escultura, Lilís, la invasión haitiana, la Marina de Guerra Dominicana, La Restauración, etc.
Murió en el año 1986.

