Escuchando el pasado lunes 21 de octubre el discurso del Presidente Danilo Medina frente al Pleno Nacional de Dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) recordé una frase de Miguel de Cervantes: ¨La ingratitud es hija de la soberbia¨, con ella reafirmé mi creencia de la necesidad de derrotar al PLD ¡Ahora! .
Las palabras fueron expresadas desde lo más profundo de su corazón, con una emoción visible. Es decir, estamos frente a un hombre engreído, prepotente, altanero y con un sentimiento de superioridad que provoca un trato despreciativo. Danilo en su intervención creía ser un rey dirigiéndose a sus vasallos y cortesanos.
El mandatario se desahogó y mostró su verdadero rostro: retaliatorio, ingrato, desleal. ¿Si actuó de esa manera contra quien le entregó la presidencia en el 2012, ¿qué no sería capaz de hacerles a otros a quienes no deba nada? Es impostergable un gran acuerdo nacional. Pero debe ser una derrota contundente, que no deje lugar a dudas y que envíe un mensaje claro a la nación y al soberbio Presidente, el cual cree ser la última botella de agua del desierto.
La derrota del PLD es necesaria por la salud de la nación. Lo que vimos fue un hombre que ha jurado imponerse usando el Estado como elemento principal, dijo que él ganaba las elecciones, cosa extraña, pues él no es candidato. Esto es un anticipo de lo que viene; imponer a su delfín Gonzalo Castillo al precio que sea.
Es innegable que con la salida de Leonel Fernández del partido oficial se crea un nuevo escenario político y debemos entender esta nueva coyuntura, que varía totalmente el ajedrez político.
Quienes históricamente no hemos tenido a Leonel como santo de nuestra devoción hoy tenemos la obligación histórica de avanzar junto a él, a la oposición y a los sectores progresistas para crear el más grande frente político social jamás visto, con la misión histórica, en principio, de derrotar al PLD y salvar el país.
