La buena noticia es que República Dominicana escaló una posición en el Índice mundial de Desarrollo Humano, al mejorar la esperanza de vida al nacer, nivel de estudios alcanzados e ingreso per cápita y la mala nueva es que aún persisten grandes desigualdades en ingreso, género y calidad de servicios.
Un informe presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) indica que el país se ha colocado en la lista de países de alto desarrollo humano, al ubicarse en el peldaño 89 entre 189 naciones y territorios incluidos en el estudio.
La verdad es que la sociedad dominicana ha experimentado en los últimos 28 años un notable avance en el orden material y de desarrollo humano, como se hace constar en el informe de referencia, pero debería llamar la atención que durante ese periodo se ha producido una mayor concentración de riqueza.
La investigación del PNUD señala que el nivel socioeconómico más alto, o quintil uno, concentra más del 50% de los ingresos de la economía, mientras que las comunidades vulnerables sólo reciben el 5%, lo que revela una alarmante situación de inequidad económica y social.
El crecimiento de la economía durante casi tres décadas ha permitido mejorar variables como la esperanza de vida al nacer, nivel de alfabetización y escolaridad, así como ingreso per cápita, pero la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado, tanto como decir que un quintil recibe el 50% de la riqueza y el otro apenas el 5%.
Llama la atención el hallazgo de notable inequidad en la distribución de la inversión pública, como lo revela el dato de que el 50% se concentra en Santo Domingo y Santiago y apenas un 10% en la frontera, como también se incrementa la desigualdad de género en perjuicio de la mujer a nivel laboral y político.
Una creciente inequidad o desigualdad económica y social se erige como bomba de tiempo en riesgo de estallar a menos que Estado, Gobierno, sector productivo, academia y sociedad civil aúnen esfuerzos para afrontarla y disminuirla sustancialmente en el corto plazo.
El informe del PNUD debería ser asimilado como una oportuna advertencia para que se apliquen los remedios de justicia social pertinentes y no ocurran aquí situaciones de crisis políticas y sociales como las que convulsionan a gran parte de América Latina, cuya causa primigenia es la creciente inequidad económica y social.

