Opinión

Desmentido infantil

Desmentido infantil

Recuerdo aquella ocasión, aproximadamente a las once antemeridiano, cuando en un concurrido supermercado coincidí con una vieja amiga a la cual no veía desde hacía cuatro años.
Andaba la joven con un niño delgado, al que una rápida mirada podía atribuirle cinco o seis años de edad, a quien sostenía por una mano.
Recuerdo – le dije, después de saludarnos efusivamente- que la última vez que nos vimos lucías una panza de mujer que está a punto de pitchar un muchacho.
-Y traje al mundo a este, que gracias a dios me ha salido muy tranquilito y respetuoso, diferente a la hembra mayor que él, a quien se puede aplicar la frase de que no se le posan las moscas- manifestó con una amplia sonrisa.
-Dicen que el muchacho travieso es el inteligente, pero he conocido chicos tranquilos de mente ágil, y fuñones y carpetosos medio bruticos- fue lo primero que cruzó por mi mente, a lo que respondió:
-Felizmente he tenido la suerte de que los dos son inteligentísimos, y en eso salieron a su padre, porque la mente mía solamente dio para hacer un secretariado, y no precisamente en la categoría de ejecutivo; no me avergüenza decir que en eso defraudé a mis padres, quienes aspiraban a que cursara una carrera universitaria.
-Estoy seguro de que si no los complaciste fue porque no te atraía ninguna profesión liberal, porque creo, a diferencia de lo que afirmas, que tienes una cabeza bien amueblada- respondí, más por educación que por convicción.
A esta altura del diálogo, el infante se había librado de la prisión manual de su madre, y rápidamente desapareció de nuestra vista con la agilidad propia de sus tempranas extremidades inferiores.
-No me preocupo de que ande por los pasillos de este negocio, porque no es de esos muchachos pone manos, y siempre me pide permiso cuando se antoja de algún producto, antes de cogerlo- expresó mi interlocutora.
Lo dijo justamente cuando su hijo se acercó, sosteniendo una caja de galletas de soda criolla, que lanzó en el carrito de compras.
-La cogí, porque tú no me dejas tomar nada, por lo tacaña que eres-dijo, levantando la mirada hacia la enrojecida cara de su progenitora.
No tuve tiempo de disculpar al niño, porque se acercó una señora que tras compartir saludo con mi amiga, inició con ella una conversación, la cual interrumpió el muchacho.
-Doña- casi gritó- a usted le faltan varios dientes en su boca.
La reunión se rompió cuando la madre se marchó sin despedirse, seguida por su risueño vástago.
Mientras tanto, la agraviada amiga de mi amiga, se alejó de mi, sin pronunciar palabra, con cara hosca.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación