Opinión

Despedidas inolvidables

Despedidas inolvidables

Ramón Rodríguez

Los grandes apasionados de la historia y sobre todo, quienes han sostenido como Ralph Waldo Emerson, la idea de que el hombre es el gran hacedor de la historia a través de sus genialidades, se han empeñado en conocer hasta las últimas palabras de esos genios universales. Los estudiosos de la historia están contestes en que el inmenso de Simón Bolívar, antes de morir le dijo a su médico de cabecera, Alejandro Reverend: » vámonos, vámonos muchachos, que esta gente no nos quiere». En cambio, Wolfgang Goethe, quizás la mente más brillante del Romanticismo alemán, conocido por su obra cumbre: » Fausto», sólo atinó a decir: » Luz, más luz» El emperador de los franceses, genio militar, estadista y autor del golpe de Estado del 18 de brumario: Napoleón Bonaparte, mientras cerraba los ojos para entregarse a la posteridad, masculló: » Francia, el ejército, Josefina.

Estas expresiones siempre serán temas de debate, pero de Sócrates sabemos que luego de ser condenado a tomar la cicuta por »corromper» a la juventud, entiéndase, por enseñarle su verdad, gritó desde su lecho de muerte: »Cristón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides»

Hay frases que retratan la grandeza de sus creadores

El 26 de marzo del 1827, el genio de Beethoven, en medio de una »ensordecedora» tormenta, quizás, pensando en su amada inmortal: Anthonie Brentano, esperaba con ansiedad un vaso de vino de la »cuenca del Rin». Según algunos de sus biógrafos, apenas se le escuchó decir: »Aplaudid amigos, la comedia ha terminado.

Aunque ya han pasado 72 años, los amantes de la tauromaquia, recuerdan la muerte del legendario torero español, Manuel Laureano Rodríguez, conocido como: Manolete, quien al recibir una mortal cornada, sólo pensó en su adorada madre y exclamó: » Qué disgusto se va a llevar mi madre’.

De la infortunada María Antonieta, reina de Francia, conocida como »Madame Déficit», se dice que antes de ser guillotinada en aquel inolvidable 16 de octubre de 1793, se excusó ante su verdugo Charles Henri Sanson, al pisarlo inintencionalmente.

»Os pido que me excuséis señor. No lo he hecho a propósito.»

Definitivamente que conservamos frases que retratan la grandeza de algunas figuras históricas, pero no hay dudas de que la más perdurable ha sido la que en estado agónico pronunció Jesús de Nazaret: »Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» .

El Nacional

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