Opinión

Después del 16

Después del 16

Esta serie ha sido escrita antes del proceso comicial del 16, pero a sus fines, y ante lo previsible de los resultados, poco importa. Lo trascendente es constatar cómo, la participación del Presidente en el mismo, con toda la fuerza apabullante de un poder ejercido sin control, respondía exclusivamente a sus propósitos de perpetuación en la dirección del Estado.

 Esas elecciones son decisivas para el control del frágil aparato institucional dominicano. Basta recordar que serán conformados órganos vitales para el funcionamiento de la vida nacional en cuya constitución, el Congreso jugará un papel preponderante.

 Quién podría suponer que a un político de 24 horas y con vocación de permanencia como Leonel Fernández le resultaría indiferente la forma en que terminen integrados estamentos trascendentes como el Consejo Nacional de la Magistratura, la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Superior Electoral, la Junta Central Electoral, la Cámara de Cuentas y el Defensor del Pueblo.

En un país sin instituciones fuertes como éste y de escasos personajes con independencia real y criterios propios, quien obtenga la mayoría congresual y, de manera particular, en el Senado, tiene garantizada la sumisión de esos centros de poder y, en consecuencia, los beneficios políticos derivados de esa triste circunstancia.

Como si todo fuera poco, está por el medio nada más y nada menos que la propia continuidad al frente del poder de Leonel Fernández. No olvidemos que existe un “pequeño” obstáculo constitucional por el cual, en principio, está impedido de ser candidato en el 2012. La pequeñez de ese inconveniente queda eliminada con la victoria que Leonel Fernández procuraba en estas elecciones, lo cual, le abre de par en par las puertas de la candidatura de su partido en el próximo certamen presidencial.

De ahí que, lo previsible es que la joven Carta Magna sea modificada al estilo Hipólito Mejía, es decir, una intervención reducida al aspecto reeleccionista. Para eso ha trabajado Leonel Fernández, para convertir al PLD en una franquicia activada en cada evento electoral y ser colocada al servicio de su garantía de triunfo que, nadie discute de quién se trata.

La disidencia interna a esa posibilidad ha ido perdiendo terreno y eso no ha sido casual, es parte del plan de convertir al líder en la exclusiva carta de triunfo, de tal suerte que, ante el pánico de perder el poder, todos los ojos y voluntades partidarios se dirijan al Mesías.

El Nacional

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