La unidad es la clave.-
El discurso contra la corrupción y la impunidad en política es un discurso lacrado, imposible de impugnar. A Juan Bosch le fue útil para fraguar una sólida alianza con segmentos liberales de clase media en los años iniciales del PLD.
No es casual, pues, que sea la clase media la que ahora participe con el mayor entusiasmo en las manifestaciones verdes, callejeras, reclamando el cese de la actual vorágine de robo e impunidad en la administración pública.
En una encuesta publicada esta semana por la firma CID, se evidencia que el mayor rechazo a la clase política, por corrupta, la hacen sectores urbanos, independientes y con estudios universitarios, es decir, clase media.
Los gobernantes y su coro mediático se atreven a atacar el discurso anticorrupción, pero lo hacen lateralmente y enmascarados en denuncias de bajo jaez.
La lucha contra la corrupción y la impunidad tiene aceptación general y un gran poder de convocatoria.
Ahora bien, el gran desafío para todos es encontrar la puerta de salida a la situación actual.
Hay dos potenciales puertas de salida, la que busca desesperadamente el Gobierno, y la que busca el pueblo dominicano para liberarse del presente atolladero institucional.
Por el lado del pueblo la unidad amplia de sectores y ciudadanos es la principal garantía de una buena salida. El discurso y la bandera reivindicativa ya lo tienen, falta la mecánica articuladora capaz de inducir grandes cambios en la esfera política institucional.
Si la Marcha Verde se convierte en un laboratorio de vanguardismo político, estará perdida.
Si la Marcha Verde se vuelve contra todos los partidos políticos y personalidades “tradicionales” hoy colaboradores de la misma causa, estará perdida y dinamitaría el movimiento precisamente por haber leído mal, – ¡emocionada!-, el presente capítulo de la aburrida novela dominicana. Si Hipólito y Luis no son capaces de unirse dentro del PRM, estarán perdidos, y la marea verde lo sufriría.
El personalismo, el vanguardismo, el sectarismo y el triunfalismo serian más venenosos que el Polonio radiactivo para la promisoria gran flanja opositora que se va fraguando en el país.

