Las paradas, marchas, anuncios, artículos y exposiciones públicas de amplias capas de la sociedad dominicana, incluyendo segmentos de la clase media y clase media alta, fueron decisivos para la aprobación y aplicación del 4% del PIB en el presupuesto nacional para beneficio de la educación pública dominicana.
Esas acciones resumían de manera vivencial, cruda, la indignación de la sociedad dominicana por la absoluta indiferencia de los gobiernos respecto a la educación de los niños y niñas dominicanos.
No creo que Sergio Fernández Moro, un acicalado y bien instruido llanero solitario carioca, haya sido el responsable, el impulso decisivo, para voltear patas arriba el sistema político brasileño, casi desestructurando al PT y sus alianzas, incluyendo la destrucción de las potencialidades electorales de Lula da Silva y Dilma Roussef.
En realidad, las acciones y directivas legales del Juez Moro fueron asumidas por las grandes masas sociales de Brasil derivando en una poderosa onda expansiva callejera que no dejó más opciones de desenlace que la barrida de Dilma y el PT del poder.
Masas empoderadas y empujadas por una indignación destructiva, pero productiva; aunque parezca un juego de palabra.
Esos dos ejemplos representan manifestaciones de indignación popular frente a hechos concretos y específicos.
Esas manifestaciones de indignación ciudadana son diferentes a las escenificadas en España, Gran Bretaña, Estados Unidos y también a las que dieron origen a la Primavera Árabe.
Las indignaciones árabes y las de las potencias de occidente contenían un cuestionamiento casi generalizado al orden político, al sistema y a la clase política o casta dirigente tradicional, y en especial, Al la alianza de los políticos con la élite dominante del capital financiero.
La lucha contra la impunidad y la corrupción en la República Dominicana, que tendrá una manifestación el próximo domingo 22, no se plantea propósitos tan largos y amplios como aquellos terremotos políticos internacionales. Se trata, simplemente, de una marcha popular para decir voz en cuello ¡ Basta ya! a la impunidad y el latrocinio de los bienes públicos.

