Algo tiene la memoria que no puede replicarse, una bruma, un olor, algo así como un incienso encendido en toda la casa cuyo humo nos transporta a la amorosa mano de un padre, ido a destiempo, o de un abuelo, parado en la esquina del Conde con Arzobispo Meriño, esperando un desfile que siempre tarda, o que a veces se desvía, provocando el corre corre de cientos de padres, cuyos niños y niñas esperan, desde las cinco, a Melchor, Gaspar y Baltazar.
Dice Toni que está convencido de que el burro es el mismo burro de cuando teníamos cinco años, al igual que el enano con su espada de pleiwu, o los reyes. Le he respondido que no se puede hacerle DNA a los sueños y que es mejor que sean los mismos, para que nosotros también podamos volver a los días en que éramos inocentes y esperábamos con impaciencia la llegada de nuestros regalos.
Nunca entendí por qué los camellos se llevaban las cajas de cigarrillos Camel. Es por que creen que es su retrato decía tía Olga, pero dejaban la hierba. Es que en todas las casa les guardan hierba y entonces cuando llegan aquí ya están llenos. Ummmmmmmmm, denegábamos, convencidos de que la nuestra era la más fresca y la mejor de todas.
Tampoco entendíamos por qué los Reyes Magos siempre nos dejaban lo que ellos estimaran y no lo que nosotros queríamos. Era como si se empeñaran en que yo coleccionara jueguitos de tazas, o casitas de muñeca, cuando lo que yo quería era un bote, o un globo para ver la ciudad desde el cielo. Es que son cosas muy grandes. Imagínate que los camellos tuvieran que cargar con eso y con todo lo demás que les piden.
Ummmmmmmmm, decía yo, casi convencida de que portarse bien en la escuela o sacar un noventa en matemáticas había sido inútil. No te desesperes, niña, que el próximo año quizás lo traigan. Un no te desesperes que dura hasta el día de hoy. Suerte que pude por fin subir a un globo en Roma y he podido navegar en varios botes, inclusive uno en el lago de Ginebra que casi se vira y nos arruinó el picnic.
Si nos hubieran explicado que lo que los Reyes le llevaron al niño Jesús fue mirra, incienso y aceite, nuestras expectativas se hubieran adecuado a Santo Domingo y el desfile hubiera sido, no un ejercicio de frustrada ilusión, sino de rememoranza pero es que aún no teníamos memoria.
Este año han cambiado el desfile para el día nueve. Espero que no nos cambien las ruta, para no ver correr a tantas madres con sus niñitos pequeños, gritando: ¿Dónde es? La ruta es, les recuerdo: Arzobispo Meriño, bajando por la Arzobispo Portes.
Si caminan por mi calle, prometo recoger con los niños y niñas la mejor hierba y hasta guardarles un té de jengibre, o un chocolate.

