Néstor Medrano es un joven periodista dominicano que ama la literatura y ha escrito varios poemarios. Sin embargo, su debilidad es la narrativa. En diciembre del 2010 me envió al correo electrónico el manuscrito de una novela y entablamos un pequeño diálogo a través de la red:
Néstor: Don Efraim, le envié el manuscrito ayer, inoportuno en esta época navideña por demás.
Efraim: Lo recibí esta mañana y lo tengo preparado para leerlo. No me gustó el orden en que lo enviaste, sobre todo el diseño tipográfico. Pero eso no tiene importancia si la sustancia, el tuétano de la historia y su desarrollo están bien escritos. Por lo poco que he podido otear, la historia comienza bien y para leer el texto lo voy a ordenar tipográficamente de acuerdo a los tratamientos editoriales clásicos.
Néstor: Debo decirle que tengo el gran defecto de escribir en cuadrado y esto se torna angustiosamente difícil para ordenar los textos como es debido… Debí tener eso en cuenta antes de enviarle el manuscrito…
Efraim: Ese es uno de los vicios de redactar para periódicos desde una computadora situada en la misma sala de redacción.
Néstor: Sí, tengo esa costumbre. Las pocas horas en que estoy en casa escribo las historias a mano, luego las corrijo de noche en el periódico. Me he retrasado en algunas cosas porque algún desconocido tomó prestada mi lap-top sin avisarme. Este estilo de vida es muy complejo. ¿Qué le parece? Me levanto a las cinco am, me preparo y luego voy al periódico, de donde salgo a las 12 m. Debo inventar el tiempo para escribir.
Efraim: El tiempo lo hace uno, Néstor. Yo debía escribir —cuando tenía la publicitaria operando— entre las cuatro y seis de la mañana. Ahora tengo todo el tiempo a mi disposición y escribo muy poco, aunque con más profundidad y sentido.
Esto se debe a que la creatividad se desarrolla —según algunos neurólogos y sociólogos—en ciclos ascendentes y alcanza su plenitud entre la adolescencia y los cincuenta años, espacios de vida en que las neuronas están furiosamente activas. Después de ahí cosechamos el esplendor de la experiencia. Esto debe alertarte para que no te quejes por falta de tiempo. Aprovecha este estadio de tu vida y empuja hasta el final las historias que llegan a tu mente.
Néstor: Gracias por esa información, Don Efraim…
Efraim: Antes de despedirnos, te recomiendo leer tres novelas: Manhattan transfer (1925), de John Dos Passos (1896-1970), Las uvas de la ira (1940), de John Steinbeck (1902-1968) y Los adioses (1954), de Juan Carlos Onetti (1909-1994). Encontrarás allí respuestas sobre las preguntas que acudan a tu mente. Estas novelas puedes obtenerlas en PDF en la Web. Tan pronto lea tu novela te escribiré al respecto, pero por lo que he leído de ella debo decirte que el texto fluye y persigue esos continuos que son, a la larga, los que construirán la carne del esqueleto ideado.

