Los estudiosos de la conducta humana no tienen una tesis definitiva en torno al suicidio, en el sentido de calificar de valiente o cobarde al que lo comete. Se sabe que lo más preciado en el ser humano es la vida, pero las personas no siempre reaccionan igual ante acontecimientos que pueden alterar, inclusive en cuestión de minutos, su estado anímico.
La justicia peruana merece un gran reconocimiento por enviar a la cárcel a políticos que, indistintamente de ideologías y colores, se les ha comprobado el recibo de sobornos de Odebrecht, pero no se puede descartar la comisión de algún exceso en el caso de Alan García, el dos veces presidente del Perú, que decidió quitarse la vida de un disparo en la cabeza en momentos en que la policía de su país se proponía apresarlo en su residencia.
El presidente García Pérez, considerado el mejor orador de habla hispana, no atravesaba por episodios de depresión, pues realizaba una vida normal antes del fatal desenlace. Sin embargo, la negativa del gobierno de Uruguay de concederle el salvoconducto, después del líder aprista haberse asilado en la embajada de ese país en Lima, afectó sensiblemente su prestigio.
“Mejor vida es morir que vivir muerto”, dijo Francisco de Quevedo.” Y Alan Insistió en su supuesta inocencia una y otra vez. Y a sus 70 años de edad no estaba dispuesto a ir a la cárcel por 36 meses, como medida previa a un juicio que podría condenarlo a 20 años de prisión.
De ser cierta la inocencia que alegó, su decisión de suicidarse podría tener explicación, pues no todos los seres humanos estamos en condiciones de recibir humillaciones. Suicidarse podría ser un ejercicio de dignidad, no de cobardía.
Salvador Allende, presidente de Chile, se suicidó por dignidad, no por cobardía, en momentos en que militares derechistas, traidores y criminales decidieron darle un golpe de estado el 11 de setiembre de 1973.
Pero ante los suicidios de Alan y de Salvador prefiero el gesto de Amaury Germán Aristy, cuando junto a tres a cuatro camaradas decidió enfrentar a cientos de efectivos policiales y militares que atacaban desde aire y tierra. Su muerte era inminente, pero decidió previamente poner un ejemplo de dignidad.

