Opinión

Dinero  sin sentido

Dinero  sin sentido

Si algo le ha resultado costoso al pueblo dominicano, en el orden económico, ha sido la democracia representativa.  Miles de millones de pesos ha tenido que pagar la mayoría de los dominicanos y dominicanas para que se mantengan los organismos de una democracia que, e n la práctica, resulta infuncional aunque ha sido pagada como si fuera de oro, y no de  hojalata como en  verdad es.

 En la medida que las grandes mayorías nacionales se empobrecen, los grupos politiqueros profesionales mayores beneficios reciben y más y más fondos públicos son distraídos.

No hay que ser muy inteligente para darse cuenta las vías mediante las cuales los políticos de negocio adquieren dinero del presupuesto nacional.  La creación de organismos imaginarios, le permite a un diputado o senador recibir mensualmente  dinero desde el gobierno, más que el mismo gobierno central entrega a un hospital público.  Sin necesidad de rendir cuenta, un vividor de la política tiene a su alcance una buena suma  extraía del presupuesto nacional sin importar que los centros de salud  del Estado no disponen de medicamentos y equipos para atender al pueblo, que no puede pagar servicios privados.

El negocio de la política se ha ampliado y la democracia representativa se ha hecho cada día más costosa; los ideólogos del sistema social vigente se la ingenian para buscar órganos que sirvan de suministradores de fondos públicos.  Aquí se ha extendido tanto la cuerda de la representativa que se han creado aparatos en el seno del Estado que carecen de función real para beneficio material o espiritual de lo que en verdad se llama pueblo dominicano. 

Si aquí existiera un gobierno decente, que se ocupara de utilizar los dineros del erario en lo que real y efectivamente conviene al pueblo, no se hubieran creado tantos y tantos organismos que, sumados todos, no ejecutan ninguna función, y el personal de uno solo de ellos resulta suficiente para la realización de las pocas cosas útiles que hacen.  Además de las distintas secretarías de reciente formación, han surgido otros órganos que están repartidos por todo el país con la supuesta misión de hacer labor social.  Si se hace un análisis sereno y desapasionado, se comprueba que se invierten más recursos en el pago de burócratas que los servicios que, alegadamente, están diseñados para que lleguen a los sectores  humildes.

Desde el momento que la inteligencia se pone al servicio de la politiquería muchas cosas se pueden crear para obtener beneficios sin el mayor esfuerzo.  La habilidad política no tiene límites dentro de los marcos de la democracia representativa y por tal motivo los ideólogos  del sistema no pierden oportunidad para salir con un mecanismo nuevo que genere dinero proveniente del erario. 

En los marcos de la democracia representativa dominicana, los dineros del pueblo se utilizan para pagar los robos hechos por los banqueros, el clientelismo político, el populismo de orilla y el mantenimiento de las “botellas” y otros parásitos políticos.

El Nacional

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