El evidente asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el consulado de Arabia Saudita en Turquía, el intento de asesinato de Sergei Skripal en la ciudad de Salisbury, Inglaterra, la abrupta desaparición del jefe de la Interpol, Meng Hongwei, que se encontraba en Francia, entre otras acciones crudas cometidas por distintos Estados contra individuos dentro y fuera de su territorio, debe poner en alerta al liderazgo global sensato en la medida que entramos en la geopolítica del “nada importa”.
Tan llamativa como las acciones en si mismas, ha sido la torpeza en su ejecución. La chapucería con la que se han venido realizando estas operaciones llama a cuestión de si se trata de pura incompetencia o si su descaro es en realidad un mensaje, siendo esta última la más preocupante.
Aunque ciertamente el aislacionismo de Estados Unidos, que ha favorecido la administración del presidente Donald Trump, sirve de espaldarazo a este tipo de acciones y ha virtualmente garantizando su total impunidad, los antecedentes de lo que vemos hoy pueden ser trazados desde la invasión rusa a Ucrania y la anexión de Crimea, que fue enfrentada con sanciones que en el mejor de los casos pueden ser consideradas moderadas.
Si buscamos respuestas en la historia, usualmente esta cadena de eventos termina muy mal
El elemento disuasivo que solía ofrecer la opinión de la comunidad internacional sobre las acciones de los regímenes autocráticos del mundo ha sido severamente erosionado en menos de 3 años, y hoy están envalentonados de realizar este tipo de acciones a sabiendas de que no habrán consecuencias severas.
La duda que surge al momento de evaluar la situación actual es de donde hacemos el paralelismo. En sus efectos son más semejables a los asesinatos y secuestros que caracterizaron las tensiones en el Medio Oriente durante la Guerra Fría, en el sentido de que son relativamente contenidos a individuos. Sin embargo, el descaro en la ejecución y lo diplomáticamente desafiante del mensaje, se acerca mucho más a algunos de los eventos que sirvieron de preludio a la guerra más sangrienta de nuestra historia como civilización.
Los casos de Khashoggi, Skipral, Hongwei, entre otros ocurridos en este año son una clara señal de que las cosas están cambiando drásticamente en el panorama internacional, y que ciertas normas de convivencia entre las naciones que en los años posteriores a la Guerra Fría tomábamos por sentadas, ya no lucen aplicables o no parecen relevantes para varios países importantes. Si buscamos respuestas en la historia, usualmente esta cadena de eventos termina mal.

