Opinión

Discurso manipulado

Discurso manipulado

Elaborar un discurso con dos verdades y ocho mentiras (bien envueltas), podría dar la sensación de que el mismo se basó en diez argumentos irrefutables, hallando reconocimiento del auditorio, cuando en el fondo se trató de una  manipulada pieza.

          Umberto Eco, en su libro Tratado de Semiótica General, dice –definiendo la teoría de la mentira–: “Si una cosa no puede usarse para mentir, en ese caso tampoco puede usarse para decir la verdad: en realidad, no puede usarse para decir nada”.

          Muchos tienen la creencia de que los políticos dominicanos son demagogos y mentirosos. Por razones estratégicas, se entiende, que no siempre debía de decirse la verdad, pero nunca habrá razón para mentir, aun valiéndose de la facilidad de expresión y la brillante retórica.

          Nadie tiene la memoria suficiente para mentir siempre con éxito. Máxime cuando el discurso se divorcia claramente de la realidad que la gente observa. De ahí surgen las preguntas: ¿A qué pueblo fue que se dirigió? ¿Al francés o al alemán? Y la gente se contesta: “Al dominicano no fue”.

          Es al abogado que le corresponde sacar argumentos de donde no hay, porque, en su caso, el objeto es ganar la causa. Y si no la gana, por lo menos deja la impresión de la brillantez y calidad profesional.

          Pero en política no se puede mentir tanto. “Podrás engañar a todos durante algún tiempo; podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos”, dice Abraham Lincoln. Al mentir tanto,  pierde  crédito público y cae la popularidad. En el caso dominicano, a quien le sirva el sombrero que se lo ponga.

 

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación