El señor Amable Aristy Castro pretende poner de nuevo de mojiganga a los electores de la provincia La Altagracia, al Congreso de la Republica y a la sociedad en general al negarse por tercera vez a juramentarse como senador electo y amenazar otra vez con declinar a esa curul para intentar repetir como secretario general de la Liga Municipal Dominicana, cargo que ocupa por más de dos lustros.
A pesar de que prometió que ocuparía su curul, en caso de resultar ganador en los comicios congresuales y municipales de mayo 16, Aristy Castro se resiste a ocupar el único puesto obtenido en el Senado por el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que lo postuló a ese cargo.
Sin precisar si siente demasiada nostalgia por sus años como senador o excesiva pasión por su largo periodo como titular de la Liga Municipal, el veterano dirigente político anunció que consultaría su dilema con la Virgen de La Altagracia, pero tampoco ha informado a la nación sobre el resultado de su consulta divina.
La única verdad hasta ahora es que ese senador electo no asistió al acto de juramentación del 16 de agosto y que no ha comunicado a la presidencia de ese hemiciclo ni a la dirección del PRSC, si se va o se queda, como tampoco ha informado a la comunidad política, si intentará repostularse como secretario de la LMD.
En los libros de récord Guinnes no figura otro caso de un sido senador o diputado por más de 20 años, sin contar los ocho que ha declinado a pesar de resultar electo y los cuatro años siguientes que amenaza con no juramentarse, con la aparente intención de obtener otro periodo al frente del órgano asesor de los ayuntamientos.
Ha llegado el momento de que el liderazgo político y el propio Partido Reformista pongan un alto a este proceder que bien puede definirse como burla, relajo o mojiganga contra la solemnidad de los poderes públicos y de irrespeto a una mancillada voluntad del elector.
El licenciado Aristy Castro debería reflexionar sobre una reiterada evasión que interpreta la actividad política como un bazar y a las instituciones políticas como caricaturas sin ningún valor jurídico ni ético, con las que cualquier mortal puede hacer y deshacer, según sus intereses personales.
Lo menos que se debe reclamar es que la curul dejada otra vez vacante por ese senador electo se ocupe de conformidad con la Constitución de la Republica y que se acabe el relajo. El emplazamiento es simple: con una o con la otra.

