Opinión

E SALUD Y OTRAS COSAS

E SALUD Y OTRAS COSAS

No temáis que no me voy a remontar a los españoles exterminadores de nuestros aborígenes, mucho menos a las devastaciones de Osorio.

Quiero referirme a un capítulo de un libro de mi autoría, “Notas de Psiquiatria Popular”, prologado por el doctor Antonio Zaglul y que en uno de sus capítulos intenté retratar lo que estaba ocurriendo en nuestro país en el año 1980.

“Estoy harta de decirle a este muchacho que en estos días no me salga de noche”.

Era un consejo que daba una madre a su hijo, un  estudiante de medicina de la UASD residente en el barrio Capotillo.

“Cualquier vendedor ambulante te habla con todo desparpajo de la prima del dólar; de la inminente entrada del Fondo Monetario; de lo poco que pagan por nuestros ahorros etc.”

“El patrón de consumo de comida y bebidas en la calle  se ha mudado del restaurante al puesto de chimichurri o cuanto menos tomarse una pequeña (cerveza) en el malecón, con lo cual queda exento de propina”.

Para la época el colmadón estaba surgiendo.

“Agiles tricicleros te llevan a la puerta desde un litro de leche hasta una cantidad igual de ron”

Estábamos en el preludio de los motores que se hicieron cargo del “delivery” y de servicios de transporte de pasajeros de cortas distancias y escasos recursos, hoy llamados motoconchistas. Se estiman en un millón de unidades ofreciendo este servicio en todo el país.

“En los años 70 darle una bola a un estudiante era un hecho habitual, pero ya en los 80 el deterioro de la seguridad ciudadana ha dejado este gesto en unos pocos altruistas o a ligadores de atractivas peatonas”

”Los asaltos para robos de menor cuantía, realizados por jóvenes en parejas motorizadas, constituyen un fenómeno en ascenso preocupante. A esto se agrega el carterismo en carros públicos donde supuestos pasajeros se combinan con el conductor para despojar de pertenencias a humildes usuarios”.

“Los  vendedores que se acercan a nuestras casas ofreciendo perros, huevos criollos etc. piden un poco de agua y en cosa de segundo hurtan cualquier artículo ante la mirada atónita de la muchacha del servicio”.

“En la diversión social la galantería expresada  por ‘déjame la cuenta a mí’ va desapareciendo y el desprecio por el paracaidismo (sujeto que no colabora con la cuenta) está siendo cada vez más desterrado”.

Treinta años es mucho, pero aun con nuestras calles militarizadas las manifestaciones que he descrito no han desaparecido, sino que se han perfeccionado…

El Nacional

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