Por encima de sus ideas, las generaciones están comprometidas con los cambios. Emplearse en hacerlo de manera participativa y activa, es su responsabilidad. Sin embargo, al momento de evaluar los resultados políticos y económicos de los últimos cincuenta años, en nuestro país, nos hemos ceñido al infortunado desempeño de la izquierda y al relativo avance de los grupos conservadores.
Tal equivocación nos ha llevado a idealizar y cifrar esperanzas en tareas e individuos cuyas participaciones no han ido más allá de las denuncias y el inútil ejercicio de profusos y difusos diletantes, antes en cafetines, ahora en centros comerciales y en las redes sociales.
Un escenario como este no sirve más que para propiciar personajes y eventos políticos con su secuela de corrupción y abusos inimaginables. En Leonel Fernández se concentraron todas las acciones extremas en este sentido. Es lo que explica el desencanto de una generación que estuvo apostando a los valores, a sus esfuerzos y al talento creativo.
Preocupa conocer las estadísticas sobre el número de jóvenes profesionales que, en estos últimos diez años, han emigrado en busca de oportunidades y, sobre todo, asqueados por la corrupción, el desorden y el abuso a los que el PLD ha sometido a este pueblo. Responsabilidad que no excluye al PRD, por su falta de consistencia y disposición unitaria para combatir ese flagelo. Culpable toda una generación atrapada en sus contradicciones.
En tanto alarmante, nos invita a reflexionar la retirada de una nueva generación llamada a combatir en el mismo espacio y tiempo que les toca jugar un papel estelar en el campo político y económico. Meter la cabeza en la arena nunca ha sido la solución. Los momentos de crisis como el presente, con las serias distorsiones acometidas por ex presidente Fernández, representan un desafío. Convocan los más elevados valores, poniendo a prueba su capacidad de resistencia y potencialidades profesionales, artísticas y creativas. Originan los cambios sociales los hombres y mujeres que desean hacerlo.
De ahí que nos resistamos a aceptar como buena y válida la enorme fuga de talento provocada por el mal ejemplo de los gobernantes. Evadir el problema no es la respuesta. Estos jóvenes, afiliados al PLD, al PRD, al Partido Humanista Dominicano [PHD], en fin, en los grupos liberales y conservadores, están comprometidos con el futuro de este país. ¿Cómo? Enfrentando, con determinación y coraje, a esos políticos, empresarios y religiosos corrompidos, enemigos de la paz y la democracia. El pleito se echa aquí, no fuera, donde siempre somos extranjeros. Nada como la comida de casa, pero para ganarla tenemos que luchar dentro y en la calle.

