Si como plantea Paulo Freire, las primeras fases en una jornada educativa son el logro de una relación de confianza con el educando/a; y luego el sondeo de su imaginario, vía un diálogo que permita identificar lo que piensa, imagina, o ha oído decir de los temas, o el tema, un seminario orientado a introducir la educación liberadora no puede comenzar de manera convencional.
¿Qué quiere decir de manera convencional? Con discursos introductorios, mesa de honor, podium, tarimas, que separan a educandos y facilitadores y evidencian las relaciones de poder. Debería iniciar con los ejercicios planteados por Paulo como esenciales, y, gradualmente, ir presentando los temas de discusión, para que éstos se conviertan en provocación para el pensamiento.
En ese sentido, el 3er Congreso Nacional de Jóvenes: Tecnología y Educación Liberadora, comenzó por donde debió terminar, con una conferencia sobre la educación dominicana como conquista social que pudo ser el detonante para el análisis crítico de sus contenidos y la elaboración de conclusiones y propuestas como respuesta a lo planteado.
La preocupación por atiborrar de contenidos los eventos se convierte así en antítesis de la educación liberadora, ya que el tiempo de preguntas se convierte en espacio informativo, o aclaratorio, no de diálogo.
Esto no quiere decir que las excelentes ponencias de Aquiles Castro, Matías Bosch, Rita Ceballos, Francisco Checo, Juan Miguel Pérez y José Tamayo; o Misutero Nishio, Dalila Martínez, Marbellis Castillo, Francisco Genao y Amadis Suárez, no hayan cumplido sus objetivos. Es solo que el aporte cualitativo de los y las jóvenes participantes se hubiera multiplicado exponencialmente, si se hubieran creado espacios de intercambio más allá de lo informativo o aclaratorio.
De este modo se hace copartícipe a la juventud de nuestros procesos de evolución ideológica, algo que les ayuda a entender que la experiencia juega un papel fundamental en el aprendizaje, tanto en su decantamiento como en su consolidación, proceso que generalmente no es inmediato, (cultura del inmediatismo que fomentan Google e Internet) sino sobre todo reflexivo.
¿Que es un proceso a contracorriente? Claro que sí, pero si hemos de emplear nuestras energías en eventos formativos para la juventud éstos en sí mismos- deben ser ejemplo del nuevo tipo de formación que queremos.
En el Cuarto Congreso podremos eva luar si por lo menos entendimos el concepto de educación liberadora, mientras, Galván y sus compañeros y compañeras ameritan la más cálida de las felicitaciones ¡por atreverse a lo inédito!

