Regularmente escucho a personas, inclusive personas que tienen el privilegio de expresarse por un medio de comunicación social, decir estar de acuerdo con las ejecuciones extrajudiciales que comete la Policía Nacional con jóvenes rateros de los barrios que se dedican a la comisión de hechos delictuosos. “¡A los delincuentes hay que darles para abajo!”, suelen señalar.
Pero ¿a cuáles delincuentes se refieren? Para esas personas —ignorantes en unos casos, clasistas e irresponsables en otros casos— los únicos delincuentes son los que atracan colmados, bancas y despojan carteras con celulares a las damas, entre otras fechorías. Nunca echan su mirada hacia los funcionarios públicos desfalcadores, empresarios contrabandistas y mafiosos, narcotraficantes ni oficiales militares y policiales que practican actividades ilícitas diferentes y al más alto rango.
Todo el que comete actos que riñen con la ley merece sanción. Y esa sanción tiene que producirse sin distinción de clase, raza, creencia ideológica o religiosa. La Constitución es muy clara en ese sentido. Y la sanción tiene que provenir de la justicia, único poder que tiene la atribución de penalizar el delito, el cual puede ser infracción, correccional o criminal.
Posiblemente algunos delitos ameriten la pena capital, pero la muerte no está establecida en la Constitución de la República, por lo que todos aquellos que abogan por esa máxima sanción, para autores de hechos determinados, tienen que hacer llegar su voz al Poder Legislativo y procurar que se reforme la Carta Magna y se incluya, además, en el nuevo Código Penal, que todavía no ha entrado en vigencia.
Los pueblos se rigen por leyes, no por caprichos clasistas de gente que pretende legitimar la ilegal práctica policial de los “intercambios de disparos.” Además, se trata de una Policía Nacional desacreditada, que la mayoría de los actos delincuenciales que ocurren en la sociedad son cometidos por miembros de esa institución.
No constituye un secreto que muchos oficiales policiales están en contubernio con bandas delincuenciales y en algunos casos tienen sus propias bandas.

