Al conmemorarse ayer, 24 de abril de 2018, el 53 aniversario de la revolución del 24 de abril de 1965, justo es recordar uno de los tantos episodios que vivió mi papá, Salvador Jorge Blanco, en la indicada gesta patriótica, y que refleja sus claras convicciones de demócrata.
Junto a valiosos hombres y mujeres, civiles y militares, mi papá formó parte del gobierno del presidente Francisco Alberto Caamaño Deñó como procurador general de la República. Su objetivo fue defender la Constitución de 1963, la del profesor Juan Bosch, quien fue el primer presidente electo del entonces Partido Revolucionario Dominicano (PRD). El gabinete del presidente Caamaño fue juramentado el 4 de mayo de 1965.
En su obra “Guerra, Revolución y Paz” (2003), mi padre narra cómo “ese mismo día, un agente de la Policía Nacional me fue a buscar con el recado de que desde la capital me llamaban por la radio de la Policía Nacional.
Efectivamente, desde el Cuartel General de la Policía Nacional en Santo Domingo, Antonio Guzmán me dijo más o menos estas palabras: Salvador, te estoy llamando por encargo del embajador Martin. Se esta formando una Junta de Gobierno y él te ofrece un puesto en ella como miembro. La Junta estará presidida por el general Imbert.
Yo he rechazado el ofrecimiento y le he dicho al embajador que con toda seguridad tú tampoco vas a aceptar, pero él ha insistido en conocer tu criterio por lo cual te estoy llamando”. Yo le contesté: “Dile al embajador que rechazo ese ofrecimiento.
No haré nada que sea contrario al movimiento constitucionalista, al Partido Revolucionario Dominicano y a Bosch”. (pág. 69).
Que extraordinaria lección. Ese era el sentir de los hombres y mujeres que se integraron a la lucha revolucionaria. Profesionales de Santiago que fueron defensores del gobierno de Juan Bosch en 1962, y que no lo pensaron dos veces, al momento de dar el paso para defender la vuelta a la constitucionalidad, a pesar de arriesgar sus vidas.
Entre ellos, cito, solo a título enunciativo, a Antonio Guzmán, Aníbal Campagna, José Augusto Vega Imbert, y Salvador Jorge Blanco. Los menciono a ellos porque les conocí y son personas dignas de quienes siento orgullo.
Si bien entre abril y diciembre de 1965 finalizó la etapa bélica, no menos cierto es que el ideario democrático que nutrió la esencia programática en el orden político, económico y social está todavía pendiente en el país. En honor a ellos, a los héroes de Abril, lo lograremos.

