Opinión

Ejercicio de la palabra

Ejercicio de la palabra

Oquendo Medina

El ejercicio de la palabra suele traer consigo aplausos delirantes o desafectos hirientes, elogios merecidos o insultos provocadores. Todo depende si lo hablado o escrito es del agrado de la persona que escucha o lee. Siempre en los alrededores estarán los simpatizantes y los contrarios.

Quien habla o escribe perfectamente podría estar equivocado o no con sus planteamientos acerca de una realidad concreta. Pero resulta que las ejecuciones son suya y, en tal virtud, la prudencia nos convida a respetarlo. Esa es la vida en democracia.

En realidad, dichos comentarios, provenientes de su más íntima convicción, no son más que pedazos de su verdad relativa (que no absoluta) por así decirlo. Lo que significa que el lector, con toda libertad y sin presión en su cercanía, puede estar de acuerdo o en desacuerdo con los razonamientos expresados.

Lo verdadero es que todo aquel que opina de manera pública termina asumiendo una posición a favor o en contra del tema tratado. Por consiguiente, jamás sus opiniones se mantendrán en el terreno de la neutralidad.

Puesto que está debidamente comprobado que la neutralidad no tiene cabida dentro del arte de la comunicación social, económica o política; más aún, ni siquiera dentro del campo de la religión.

O se está con quien usted considera es el portador del bien, o permanece con el que usted observa con buenos ojos y carga al mal; pero jamás podrá estar en el medio de las dos personas o de las dos conceptualizaciones.

El Nacional

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