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El aborto y sus consecuencias son  materias de discusión

El aborto y sus consecuencias son  materias de discusión

Vuelta a la calma la polvareda que levantara el factor aborto en la legislación superior dominicana bajo reciente discusión, resultan mejores de reordenar las piezas del rompecabezas actual respecto al tema, que, como se explicará adelante, es milenario y sistémico.

Las motivaciones para la medida han variado en milenios de evolución no así el arsenal de argumentos que la impugna, en ocasiones a ciegas.

Digno es de precisiones cómo se veía la cuestión abortiva en el mundo antiguo y qué posición hay, libre de dogmas y pasiones, religiosas o no, a ese mismo nivel, hoy día.

En la Grecia antigua el aborto era apoyado por el Estado para regular la interrupción intencional del embarazo y se atendían circunstancias específicas. Ellos apoyaban esta práctica para regular el tamaño de la población y mantener estables las condiciones sociales y económicas.

La práctica era normal por los médicos en Roma y Grecia.

Sócrates abogaba porque el aborto fuera un derecho materno.

Platón, que se ocupó de casi todo el pensamiento antiguo, recomendaba a mujeres embarazadas que tuvieran más de 40 años de edad o si su compañero era mayor de 50.

El veía la terminación del embarazo no deseado como un medio para perfeccionar el propio cuerpo.

Aristóteles creía que el feto se convierte en humano a los 40 días de su concepción, si es

masculino y a los 90 días si es femenino.

Recomendaba el aborto en “La Política” para permitir el tamaño de la familia y lo deja librado a la mujer, salvo que se tratara de una cuestión de Estado.

El Derecho Romano no considera al feto, llamado entonces naacituus (no nacido) como persona  por lo que el aborto estaba permitido.

Si la mujer estaba condenada a muerte la ejecución se posponía hasta el nacimiento.

Asimismo, si el padre del nacido era senador al momento de la concepción el bebé nacía con los privilegios de hijo de un senador.

El hijo era considerado portio viscerum matris y se castigaba el uso de sustancias abortivas o pocula abortionis.

En los momentos actuales, el sistema internacional de protección de los derechos humanos que incluye a Amnistía Internacional y la Comisión y el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud (OMS) relacionan el problema de la despenalización del aborto como el derecho que tienen las mujeres a no ser sometidas a tratos crueles, inhumanos o degradantes, o sea con la prohibición general de la tortura.

En el sistema islámico, la ley está entroncada con la ética y las creencias religiosas y aparece generalizada la idea de que una y otra son interdependientes.

En la mayoría de los países islámicos, el aborto se consiente por razones médicas, cuando se considera que la madre corre peligro.

El aborto entró en la legislación moderna en el siglo XIX al prohibírselo inicialmente para proteger a las mujeres de intervenciones quirúrgicas riesgosas.

Sólo se lo permitía en caso de que peligrara la vida de la madre.

Los primeros esfuerzos para legalizarlo en el siglo XX se produjeron en Rusia, en 1920.

Después se permitió su realización en Japón y en algunos países de Europa del Este tras la II Guerra Mundial.

Hacia 1980, el 20 por ciento de la población habitaba en países en los cuales la legalización sólo se permitía en situaciones de riesgo para la salud de la madre, por violaciones o por la presencia de alteraciones genéticas en el feto o en situaciones sociales especiales como la de la madre soltera o con bajos ingresos.

El movimiento de despenalización ha ido creciendo a nivel mundial y ya fue defendido en la conferencia mundial sobre población en Beijing, en 1995.

El 25 por ciento de todos los embarazos humanos finalizan e aborto espontáneo y tres cuartas partes se producen en los tres primeros meses de embarazo. Las malformaciones y los tumores uterinos pueden ser causa de aborto como también la ansiedad extrema y otras alteraciones psíquicas que podrían contribuir a la expulsión prematura del feto.

El síntoma más común de una amenaza de aborto es el sangrado vaginal, acompañado o no de dolor intermitente.

Una cuarta parte de las gestantes tienen pequeñas pérdidas de sangre durante las fases precoces del embarazo y de éstas, el 509 por ciento llevan el embarazo a término.

El dato

No hay uno, sino muchos tipos de aborto.

Desde el espontáneo, inducido o provocado, terapéutico, ético o humanitario y psicosocial, realizado por razones familiares, económicas y que conllevan el más alto porcentaje de motivación para realizarlo.

El aborto era normal entre médicos de Roma y Grecia.

El Nacional

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