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El baloncesto viaja en el tiempo

El baloncesto viaja en el tiempo

Jorge Muñoa.
Madrid, (EFE).- Una final de la NBA entre Los Angeles Lakers y los Boston Celtics, la más clásica de las clásicas, así como el retorno de los Estados Unidos a la cúspide del baloncesto olímpico en Pekín, han llevado al baloncesto por el túnel del tiempo en el año mágico del deporte español que, por supuesto, ha tenido presencia en esos dos grandes hitos de la canasta.

Hacía más de veinte años, exactamente veinticinco, que los dos conjuntos con mayor ‘glamour’ y mística de la Liga de todas las Ligas, no se habían visto las caras sobre el parqué para disputarse el anillo de campeón. El baloncesto ha avanzado hacia el pasado a lo largo de 2008. Ha saltado un cuarto de siglo en el tiempo para volver a disfrutar de una final dorada y verde.

Treinta anillos entre dos conjuntos protagonistas de algunos de los enfrentamientos más épicos de todos los tiempos, un puñado de excelentes jugadores sobre la pista y toda la emoción de los años ochenta. La siluetas de Magic Johnson y de Larry Bird, los dos adalides de la maravillosa década de los ochenta, la del ‘showtime’, y un español en el fragor de la batalla- Pau Gasol.

La reedición de la final por excelencia ha sido posible gracias la mejoría experimentada por el equipo del trébol. La participación de Gasol, fruto de la dimensión alcanzada por el internacional español. Pau es uno de los grandes entre los grandes, bandera del equipo nacional español y complemento de Kobe Bryant gracias al traspaso que los Lakers acordaron con su anterior equipo, los Grizzlies de Memphis.

La llegada de Gasol al Staples Center, a Hollywood, traspasado en una operación que muchos analistas han considerado el mayor chollo de la historia de la NBA -para el cuadro angelino-.

“Ha sido muy importante. ¿Recuerdan cuando los americanos le robamos todo a los indios? Pues es justo lo que ha sucedido cuando los Lakers obtuvieron a Gasol a cambio de nada”, comentó el histórico Charles Barkley cuando el ala-pívot se alejó de ‘Graceland’ para acercarse a Hollywood.

El segundo túnel del tiempo del baloncesto ha pasado por Pekín. Los estadounidenses recuperaron el oro que no ganaban desde Sydney 2000. Para reconquistarlo han tenido que tirar de los mejores jugadores de los que disponen y resistir hasta el último segundo de la final para apartar a España del primer escalón del podio.

El cetro olímpico regresa, pues, a manos de los estadounidenses, los Lakers y los Celtics disputan otra vez la final, el CSKA Moscú, mito entre los mitos de la canasta europea, alza de nuevo la Euroliga y, entre tanto, Argentina, que cede el cetro de rey olímpicos a los estadounidenses, ha puesto de manifiesto nuevamente el carácter de sus baloncestistas.

El conjunto de Sergio ‘Oveja’ Hernández, un caballero al frente del banquillo albiceleste, ha bajado dos puestos en el escalafón de los Juegos. Del primero al tercero. Del oro al bronce. Ahora bien, el mérito de la medalla conseguida por el baloncesto argentino en la capital de China toca lo inmenso.

Argentina arrancó con muchas complicaciones porque dejó que el lituano Kleiza anotará un triple a cuatro segundos del final en el primer partido de la primera fase (79-75) después de llevar a cabo una remontada titánica.

A partir de ahí, los argentinos olvidaron la corriente de opinión externa que ponía al equipo fuera de la lucha por las medallas. Sacó el carácter, ganó los cuatro partidos pendientes hasta las eliminatorias sobre Australia, Croacia, Irán y Rusia. Se deshizo de Grecia en cuartos de final (80-78), cedió las semifinales contra los Estados Unidos (101-81) y amarró el bronce con un sensacional 75-87 contra Lituania.

El Nacional

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