El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha vuelto a plantear la eliminación de los incentivos. Pero, ¡ojo!, con la salvedad de que sean solo los que no se justifican o no funcionan. No se trata de que los incentivos sean malos como tales. Y el BID lo reconoce al plantear la promoción de los que han dado buenos resultados y otros nuevos que apunten a estimular ajustes en el modelo de desarrollo económico.
Las autoridades están en las mejores condiciones políticas y sociales para revisar unos incentivos que, en la práctica, solo contribuyen a drenar el erario, beneficiar el bolsillo y fomentar el pernicioso clientelismo político. Como aconseja el BID, el país tiene que abocarse a una evaluación rigurosa de las políticas vigentes para encontrar ahorros, mejorar la calidad del gasto y optimizar los recursos disponibles.
Esos incentivos y programas que no contribuyen con el desarrollo ni la mejoría de las condiciones de vida de la población tienen que ser eliminados. Pero de golpe y porrazo.

