La comunicación coprológica acecha
Los procesos electorales -como en el amor el proceso feroz del desamor- tienen la diabólica virtud de hacer brotar lo peor del alma de cada ser humano, grupo social, partido político, club social o vecindario.
Esa es la historia de la lucha electoral, la lucha por el poder político.
De aquí hasta mayo 20, debemos prepararnos para convivir con la nausea, el asco, para vivir con las bajezas que irán llegando y de todos los colores.
El martirologio no faltará. Victimología tampoco.
Al fin, se trata del poder político, por el que siempre se han matado almas, seres humanos y sobre todo reputaciones.
En esta oportunidad el drama se agrava, pues se trata de una lucha electoral donde un partido, PLD, no solo compite por una tercera victoria presidencial seguida (-que sería la cuarta en cinco elecciones- ) sino que, por el descalabro de sus adversarios y la imposibilidad de unificación de estos en torno a un candidato-líder, ha ido acumulando de elecciones en elecciones un poder y unos controles que recuerdan a los del Dr. Balaguer en su gobierno de los Doces Años, entonces apoyado sin fisuras por la embajada estadounidense por orden y mandato de la guerra fría. (Por culpa de esa Guerra Fría en todo el mundo los gringos llegaron a apoyar hijos de puta, pero con la pragmática aclaración de que eran SUS hijos de puta.
Hoy en Dominican Republic los míster no tienen candidato preferido sino tan solo intereses, intenciones de recuperar el terreno perdido frente al avance de la izquierda en la América morena y mestiza.
El PLD corre el riego de morirse de éxitos. Es cierto y me repito. Pero el PRD dividido y enfrentado, agoniza en cuidados intensivos de CEDIMAT, mientras los egos de siempre, el aloque y los resentimientos, impiden a los pequeños partiditos dejar de serlo y convertirse en alternativa. (Por cierto, ser pequeño no significa ser alternativo o ser más ético, pero ese es otro tema.)
Entonces, lo que se nos echa encima a los dominicanos es la peste.
Preparémonos para seguir soportando la era de la comunicación política coprológica.
Por eso insiste tanto este bulevar en alcanzar algún día una revolución social con la educación como estandarte. Y si quiere, que entre el mar. (Al fin, tú no has llegado, mujer, tan solo el sol, que poco importa.)
Mientras tanto, no se queje.
El voto es libre. Y demostrado está que en esta selva de poses y dobleces, de histerismo hipócrita, de corruptos preferidos y latrocinios celebrados, el insulto divierte, entretiene y da más rating/votos que el concepto o los argumentos. Ahí está la historia.
Joder, la que nos espera, don Radha.

