Cronicanto a otros amores
Cada quien tiene sus otros amores, esos que han sido fundamentales en la existencia y le acompañaron en su formación, en su disciplina, enseñanzas, sus querencias y sueños.
Se ha escrito mucho sobre el amor erótico, amor de horizontalidades diversas que inspiran Eros y su madre Afrodita, y apoya Kama, el dios hindú del amor. (En la India, la Kama, aunque mal escrita, es una deidad )
Pero, no.
Hoy no está uno por la labor de hablar de amores de fornicio y nochebuena, nostalgias por El Reyna o El Campito, ¡hagan memoria! Cuando el sol muere, la pasión nace, sonríe una luna, pido tus labios como un mendigo y me quedo a vivir en las bastedades ondulantes y mágicas de tu cuerpo. Pero no.
Aunque sea viernes, ante etílicas y bohemias tentaciones, depongo yo mis cuitas por amores impertinentes, para rendir homenaje a esos otros amores que nos dieron otros gozos, incluido el regalo del buen ejemplo de la honestidad, el trabajo duro para levantar una familia a pesar de la pobreza. Hablo de la solidaridad de quienes ni siquiera conocían la palabra solidaridad, pero el corazón no les cabía en el pecho. Amores como el de doña Liona, que cada martes y jueves iba a lavar/planchar a la casa familiar y uno gozaba con sus historias, y disfrutaba de sus mimos y apoyos, como cuando ella trataba infructuosamente de convencer a mi madre de que si yo era tan buen chico, algo inquieto pero bueno, estudiaba bien y hacia todos los mandados al colmado de Paula sin chistar, no había razón para hacerme pasar por la afrenta inaceptable de comer clara de huevo o molondrón. A Liona, mis padres la frenaban con una pregunta lapidaria: ¿y ese muchacho pone diario aquí?
Ahora que se acerca este Día de San Valentín, tan desvirtuado en sus orígenes, no he querido hablar una vez más de atardeceres, mujeres que llegan a una oficina, ay, don Radha, caderas como la mar, piernas interminables, no.
Hoy, sólo se trata de agradecer a la vida, la dicha que en mi vida fueron esos otros amores fundamentales de mi infancia.
Si existe un cielo, de seguro por allá andarán amando al prójimo como a sí mismo. Y ahora, bebamos en paz, hermanos.

