Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

El penúltimo cuplé

Si se querían propuestas, ahí están.

El problema nacional no ha sido la falta de consenso sino la carencia de voluntad política para llevar a la práctica lo acordado desde el poder.

Esto ha quedado demostrado con esta Cumbre que ha devenido en feliz divertimento democrático, un refrigerio de buenas intenciones, que de no llevarse a la práctica sus conclusiones devendría en frustración y pérdida de credibilidad del gobierno ante los gobernados.

Como ya somos un país receptor de mano de obra extranjera, y ya no hay patria que blanquear con agricultuores de Asturias y Badajoz, es tiempo de aplicar el jus sanguinis para los asuntos de la nacionalidad. Eso lo sabiamos hace tiempo pero no está de más que la Cumbre de fuerzas vivas y moribundas lo haya ratificado. Igual ocurre con la Ley de Migración y el proceso de regularización de la mano de obra ilegal de la que depende hoy casi todo el trabajo duro en la agricultura y la construcción.         La sincerización de los salarios a través de una política general de salarios que parta del sueldo mínimo es una vieja exigencia.

          No era necesaria una Cumbre, pero tampoco está de más la velada de intelelectual con buen café Santo Domingo, de Baní, of coure,  conceptualización brillante de lo ya sabido, más de lo mismo por gadejo y por insistir en viejos pedidos. Todo esto está bien, y que se respete la Ley de Contratación de servicios y compra de bienes en el Estado, la Ley de Educación y su cuatro por ciento, que llegue a los ayuntamientos el dinero que manda la Ley a los municipios, y que estos cumplan los requisitos de transparencia, rendición de cuentas y eficiencia que la misma ley les impone.

Por propuestas no nos quedamos en este país, donde todo está estudiado, conceptualizado y almorzado, pero no sobra la Cumbre, nunca está de más el diálogo.

Lo que queda por saber es cúanto de lo acordado será cumplido.

La crediblidad del gobierno está en juego, y éste debe evitar que algún día podamos citarle a Nietzche: «Lo triste no es que me hayas mentido, sino saber que de ahora en adelante, ya no podré creen en ti».

Esta Cumbre es el penúltimo cuplé de nuestra democracia y su gobierno@

elbulevarconpablo@gmail.com

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El Nacional

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