La nimidad según Sloterdijk, Kjerkegaard, y Heidegger
La nimidad corroe los cimientos de la sociedad dominicana.
El concepto lo cita con frecuencia en El Bulevar TV, CDN, mi compañero de faena periodística, Antonio Gil Iturbides.
Según cuenta Antonio, todo surgió cuando en el Congreso de la República alguien habló de someter a la justicia a un legislador por asuntos de maletín y otras miserias.
Indignado ante la amenaza, el señor diputado tronó en el hemiciclo y dijo a viva voz: A mí no pueden hacer eso. Yo tengo nimidad. Y era cierto. El congresista intentaba decir, infructuosamente, que todo legislador posee inmunidad legislativa, algo que no es lo mismo que impunidad pero es igual. (¿Me entendieron?)
Tal que ese nimidad, (inmunidad, impunidad) es el principal problema que padece nuestra sociedad. Con un agravante: el desarrollo de los medios de comunicación, y lo que es mejor, el libre y acceso que a ellos tiene ahora los ciudadanos.
Esto ha hecho que la población conozca los latrocinios descarados, la corrupción vulgar de ciertas élites, el enriquecimiento meteórico de sectores de la partidocracia reinante y sus socios privados y sobre todo ha hecho de público conocimiento la nimidad que reina en nuestra nación.
Hasta hace 20 años, un gran ladrón gubernamental capitalino era aquel que se robaba unas tareas (pocas) del inacabable fondo de tierras del CEA, un solar en lo que hoy es Arroyo Hondo, Urbanización Quisqueya o Fernández y recibía una exoneración para un importar un carro. He ahí la descripción certera de un funcionario bandolero y corrupto de los gobiernos de los Doce Años de Balaguer.
Pero vino la democracia, no quedaba ya a quién matar, llegó el desarrollo de los MC, y facebook y twitter, y con él llegaron las denuncias de los actos de corrupción. Ahora, los medios y sus programas, muestran al país, cómo en la democracia, la nimidad determina la acción política y a veces hasta las victorias.
Con la llegada de la democracia, en España hubo un sabroso destape sexual, pero aquí el destape fue ético, moral, un cógelo que es tuyo, amor, pero no de cuerpos, vientres, cabalgatas, ay, sino de tanto por ciento, fincas, villas, penthouses y otros poemas.
Y todo por culpa de la bendita nimidad.
(En CDN, 7:00 A.M., hay un Bulevar de entrevistas y comentarios.)

