Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

El Prodigio de Juan Luis Guerra

«… mojado en ti, bordar de corales tu cintura y hacer siluetas de amor bajo la luna, ay, mujer, un pez.» JLG.

A los dominicanos se nos da mejor la música que la política, y si alguna duda existía, ha quedado aclarada con dos recientes actividades.

Hablo de lo que el miércoles 11 se montaron El Prodigio y Rafelito Mirabal y su Sistema Temperado, en Casa de Teatro. Y es que presentar fusionados y enriquecidos los sonidos del jazz y el merengue típico es asunto de genialidad y talento, disciplina e improvisación, y por supuesto algo de Alá, la Magdalena enamorada.

Ahora resulta que el ritmo nacional se puede dar la mano con el jazz, que Tatico Henríquez pega bien con Louis Armstrong, y New Orleans puede hermanarse con Santiago mañana y sin complejos. Fefita a dúo con Diana Krall en un club de Montreal o el Centro León. El Prodigio y Mirabal con Michel Camilo y Paquito en Blue Note de NY.

La otra actividad, como un masaje erótico al ego nacional, fue La Travesía  que el sábado presentó Juan Luis Guerra en el Olímpico.

Siempre se ha dicho que nadie es profeta en su tierra. Pues mire Ud. que Juan Luis se ha convertido en una honrosa excepción, pues el sábado no sólo fue un profeta de buenas nuevas en su tierra, sino que, por momentos, fue un poco esa tierra, es decir la patria. Uno no tiene motivos para sentirse orgulloso de nuestra clase política, pero sí de nuestros duendes culturales, artísticos. El señor Juan Luis Mirabal, alias Rafelito, El Prodigio Temperado, por ejemplo.

El Guerra Seijas sacó a pasear el orgullo herido de una nacionalidad a quien la clase política insiste en avergonzar, acomplejar, porque cuando no hay un vulgar acto de corrupción que la señora Piera Gainza cuelga en el tendedero de vergüenzas nacionales que es su programa, aparece una extensión de un período, una reelección, una guitarra por violín, una vaina, o sea.

Por algo, Juan Luis insiste en proclamar que su único presidente no habita palacio terrenal, lo que enriquece su propuesta musical, pues transciende las «peceras» y sus «humedales», la hormiguita que va y viene, ay, mujer, «un puñal es tu cariño», para adentrarse en el ser y sus pobrezas, no las de pan que son tan viejas, sino las del alma, razón de vivir la vida, sentido. Hablo de trascender en el amor, la familia, los amigos, una canción, la noche. Algo parecido a eso, debe ser Dios… según me cuentan.

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