Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Marivell, la ciudad y sus fantasmas

         El jueves, mi dilecta amiga, la periodista y poeta Marivell Contreras invitó a  miembros de su comité central del cariño a compartir la puesta en circulación de su nuevo Libro: La Chica de la Sarasota. Cuentos de la calle,

         A este escribidor tocó el honor de presentar la obra. Pero, como era mi temor, a la hora de escribir, en vez de una presentación me salió un bulevar, que para algo estábamos en la cabecera de un bulevar literal y verdadero con el que nuestro ayuntamiento rinde homenaje a una mujer excepcional que resume en su nombre el arte popular dominicano, doña Casandra Damirón.

         Curiosa como un reportero, detallista y tierna como las amantes en el Caribe, romántica y bohemia como las tardes sin sol o las novias bien-venidas, en “La Chica de la Sarasota” Marivell Contreras navega libre e irreverente entre la poesía y el periodismo, es decir, entre el amor y la vida.

         Pero entre muchas lecturas y virtudes, la obra de Marivell, tiene la valentía de mostrarnos otro Santo Domingo que es igual, pero no es el mismo. La de la Contreras, es la representación sociológicamente poética, de unas calles y avenidas, que, de tan cotidianas, no vemos, no sabemos o no queremos ver. Y lo que es más importante, cada una de esas avenidas, lugares, tiene un personaje marginal y marginado al que este libro rinde merecido homenaje.

         Entonces, si la ciudad somos todos, si el mundo es nuestra casa y la humanidad nuestra familia, volvamos al Terencio que nos enseñó un periodista inolvidable para decir con él: Soy hombre nada humano me es ajeno. Que es como decir: en tu dolor va mi tristeza, en tu llanto van mis lágrimas.

         Así, todos aquí conocemos el Malecón, nos hemos recreado en su mar, hemos saludado sus lunes y soles, algunos hasta han inaugurado amores y reinventado pasiones en sus sagrados templos de meditación horizontal, (¡hagan memoria y sonrían!) Pero, posiblemente, nunca nos hemos detenido a observar con curiosidad periodística o fe cristiana, el drama de aquella mujer que recoge botellas, perdida su mente, en Dios sabrá qué perdido sueño, qué vida trunca de esperanzas deshechas.

         Ese es el gran aporte y el inmenso valor de este pequeño y fascinante opúsculo de realidades tristes, que seguiré presentándoles en una próxima entrega.

El Nacional

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