Mi cabeza blanca
Para que cesen las burlas de Adriano Miguel, Hatuey y Jochy Santos.
Para que entiendan de una vez de dónde vengo y comprendan por fin, el por qué -como en Los Amorosos de Sabines-, siempre anda uno intentando salvar el amor a cada rato.
Para que comprendan por qué en cada bulevar -por político o económico- que sea, siempre cae uno en la feliz tentación del amor y sus diluvios.
Para que cesen de una vez las diatribas, la difamación temeraria, la incomprensión atea y el relajo homicida, les propongo a esos señores de ahí arriba la lectura de estos versos escritos por mi santo padre (86) a mi madre santa (80), a los 59 años, 5 meses y 25 días de estar casados, la que es mi mejor carta de presentación frente a los amores posibles, bienvenidos y esperados, amor.
Esto le escribió don Carlos McKinney a doña Yolanda Ortiz el fin de semana, después que la madre decidiera dejar sin tintes su pelo. Ahora ella es su cabeza blanca. Así le llama, el Profesor.
Como comprenderán, al recibirlo por un e mail que me ha enviado su nieto preferido, Jorge Oscar, no he podido hacer que más que no sea brindar repetidas veces entre lágrimas, por la felicidad y larga vida de unos viejos como estos. Por si acaso alguien, harto de caricias de paso y amores sin porvenir, ha llegado a poner en duda la existencia de Dios.
Mi cabeza blanca
Eres el laboratorio donde nacieron mis ideas/desde aquellos años, cargado de ilusiones/, que me hacían palpitar en momentos de alegría/ de sueños hermosos, /mi ambrosía.
Yo te llamo: Mi cabeza blanca,/ plateada, cubierta de nieve, y de gratas emociones,/ Con ella recuerdo las bendiciones/ que al salir de mi hogar como una madre me daba.
Añoro recuerdos que mi alma atesora/ Mi cabeza blanca, años ya pasados/ rutilante estrella que asomó en la aurora/ Yo la vi en mis años mozos/ mi sueño dorado
Mi cabeza blanca tesoro guardado/ en lo más profundo de un amor soñado/ Cuando corría en la playa y subía El Cerro empinado/ Y ya en la cima, extasiado/ el panorama apreciaba junto a mi dulce amada/ Y un beso le daba/ «Mi cabeza blanca»/
Mi cabeza blanca, sus mechones negros el tiempo ha borrado/ Has sido la palanca salvadora que el Señor me ha dado/
Amor de mi vida/ el que había soñado.

