Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

¡La patria, joder, la patria!

“Amada mía, querida mía, ay patria mía, de tumbo en  tumbo se pierde el rumbo de la alegría.” A. Cortez. 

 

Como el gobierno se niega a aplicar el Reglamento de la Ley de Migración, cada día aumenta el número de inmigrantes haitianos.

 

Y vienen ya, no sólo a trabajar en tal o cual sector productivo, sino que vienen digamos a respirar, a hacer lo que se pueda cuando alguien quiera y como quiera. Se trata tan solo del derecho y la necesidad de sobrevivir, función primera de todo ser humano. 

 

Por esto, mientras más tiempo transcurra sin que el Estado Dominicano asuma su responsabilidad de aplicar reglas de juego a la migración,  más grave será el drama social que se irá presentando en barrios y calles.

 

Si ya están en nuestro territorio, por asunto de buen cristianismo o simple solidaridad humana, el Estado tiene la obligación de ofrecerle salud y educación. Pero el número aumenta cada día. Y RD no es EE UU., no es Europa.

 

Habitamos una nación tan miserable, que somos líderes negativos continentales en áreas fundamentales de la educación. A pesar de la mejoría de los últimos años, estamos por debajo de la media latinoamericana en mortalidad materna e infantil.  Uno de cada tres dominicanos vive miserablemente pobre, mientras dos de cada cien vive con el lujo y el confort que envidiaría un jeque árabe de vacaciones en Casa de Campo.

 

Es urgente que el Estado dominicano se ocupe del tema de la migración haitiana y la fusión más o menos pacífica que esa inmigración descontrolada y anárquica va produciendo en barrios y campos.

 

El interés político electoral por llegar a ser la opción  político-partidaria preferida de la que en 2016 será la influyente comunidad dominico-haitiana, no puede conducir a ningún partido de gobierno ni a dirigente alguno a poner en peligro la nacionalidad dominicana y la paz social.

 

Recibamos como hermanos y con todas las garantías y derechos constitucionales a los migrantes haitianos que la economía dominicana necesita y puede acoger desde su miserable pobreza y su jodida desigualdad social.

 

Con el pueblo haitiano, el de las primacías libertarias de la América morena, seamos solidarios en su territorio como lo hemos sido siempre y desde el 12E más que nunca y más que nadie. Pero la solidaridad no puede ser pretexto para la oportunidad electoral a mediano plazo.

 

El interés electoral de un partido, aunque sea el de Juan Bosch, (¡tan derrotado, ay,) no puede primar sobre el interés y la supervivencia de la nacionalidad dominicana nunca y jamás, y si quiere que entre el mar.

 

Para seguir teniendo una nacionalidad, digamos una patria, los dominicanos necesitamos de unos ciudadanos, unos empresarios, políticos, de unos partidos, unos presidentes y unos gobiernos, ay, dignos de ejercerla.

 

La patria, joder, la patria.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación