Caminantes por la vida
Esto de caminar por la vida será muy poca ante el gris concierto de nuestro universo de inequidad e iniquidades casi todas, pero es, existe y está aquí.
Hoy, no quiero que de tan modernos y aterrizados olvidemos que los grandes logros de la humanidad alguna vez fueron tan solo ideas de locos; cosas de unos señores desquiciados que se negaron a aceptar aquello de que las cosas para ser posibles tienen que ser probables.
O acaso no fue un loco genial, Juan Pablo, el Duarte, quien en 1838, aún sin patria, se inventó una sociedad patriótica -que al ser de tres en tres pero sin sexo debió ser muy aburrida-, y luego anduvo convencido de que montando obritas de teatro en Santa Barbará a través de una sociedad que llamó La Filantrópica haría brotar el sentimiento por una nacionalidad que no existía sino en su mente y la de tres o cuatro amigos, utópicos, medio locos, pequeños burgueses sin oficio, como él.
Y así nació un 27F La República. Y aquí estamos.
Esto de Caminantes por la Vida, que se han inventado los amigos de MERCASID y sus buenos mercadólogos como forma de vincular la marca de la empresa a buenos actos de cristianas acciones, (algo de moda en todo el globalizado mundo empresarial) pues mire usted que hace tiempo rebasó esos iniciáticos propósitos para convertirse en toda una institución para la solidaridad, que permite mostrar al país y al mundo que el imperfecto ser humano, ese homo sapiens sin cabeza, no solo es capaz de asesinar a un hombre por dinero o mandato militar e ir luego al velorio a ver llorar a sus deudos, asesinar a sangre fría a una jovencita para robarle un celular, matar de 34 puñaladas a un primo adolescente después de violarlo sexualmente, ese mismo homo sapiens incalificable es capaz del mayor gesto de amor y sacrificio. Si lo pone en duda, vea los reportajes sobre los frutos de este Caminar por la Vida, o en Villa Riva pregunte por el productor agropecuario Carlos Ureña Difó; por la maestra Flor Sepúlveda, de Villa Altagracia, por la hermana María José, en Los Barrancones de Baní; recuerde al Padre Quin,y no olvide a la Magdalena, la del corazón tan cinco estrellas»
En medio de nuestra tolvanera inmunda de injusticias sociales todas, esto de caminar por la vida será muy poca cosa, pero ES, EXISTE, y cada año es capaz de inspirar en el ser dominicano los más nobles sentimientos. Bien que me lo contó Facundo en el Reina Victoria de Madrid, hace ahora mil años: Si los malos supieran que buen negocio es ser bueno, serían buenos aunque sea por negocio.
Sigamos caminando por la vida, marchando por la paz, inventado la esperanza. (La noche está oscura, duermen las estrellas, te robo un beso, nos saluda un cisne negro, no temas es que está amaneciendo y te quiero.)

