Amor, ¡qué soledad errante hasta tu compañía! Pablo Neruda
La expulsión de Hipólito Mejía del PRD, decreta la división formal de esa organización. Ahora -como en el PRSC antes de ser adquirido en su totalidad por el PLD-, tendremos que hablar del PRD de la franquicia, y del PRD extraoficial/PPH o el de Hipólito.
Pero ahí está -dividido y suicidado en su terquedad y cocinado en su propia salsa de errores repetidos- el partido político que mayor conexión ha logrado con el pueblo dominicano, la expresión casi exacta de su idiosincrasia.
(Como las Águilas, el PRD es un sentimiento, sólo que al local del partido blanco no lo visitan duendes en ébano de Monalisa, mujeres tan perturbadoramente bellas, como las que asisten al Estadio Cibao cuando juega El Escogido y amenaza lluvia, ¡ay!)
La conexión del PRD con el pueblo dominicano es tal, que sin llegar a ser el Cid campeador, estuvo a punto de ganar unas elecciones después de muerto.
Hablo de una muerte decretada el día en que en ese partido no fue posible un entendimiento entre Hipólito y Miguel. Y ambos grupos, cada uno en su momento, se dejó seducir por las dádivas del partido gobernante y sus estrategas de miedo.
sí, como frente al mar, un cuerpo de mujer extasiado en el descuido de su belleza puede ser la suma de todos los sueños del hombre que la mira, ay, así como es New York la suma triste de todas las errancias de este mundo, así este PRD, -tan amado y tan malcriado por su gente- es la suma de todos los errores, paranoias, dobleces, senilidades, torpezas y descuidos.
Esta agonía de un PRD en pedazos lleva luto a todos los dominicanos. No por Hipólito o Miguel, ni por el PRD en sí mismo, sino por la democracia dominicana y su futuro. Y es que con la división del PRD se está decretando la soledad gubernamental de un PLD que casi muere de éxitos, ahora solo en el escenario político/partidario, pues el otro gran partido político del país -la Iglesia Católica- no participa en elecciones por el poder sencillamente porque desde Nicea y don Constantino es el mismísimo poder.
Esa soledad del PLD es peligrosa para la democracia dominicana, para el gobierno y para el propio PLD que corre el riesgo de, a falta de esta, hacerse su propia oposición, lo que no sería difícil conocida la existencia de dos grupos dominantes que, como un Frente Patriótico en morado, se pusieron de acuerdo para vencer al PRD a través de tres frentes que encabezaron los tres peledeístas mejor valorados electoralmente. Pero la victoria no los salva de sus contradicciones.
Desde ayer, y ante la incapacidad inagotable de la izquierda mas o menos democrática para conectar con los intereses y sentires de la gente, el PLD es el partido único de la democracia dominicana. Y eso es peligroso. Muy peligroso.
El PRD se ha dividido a muerte y languidece en su vocación caótica y auto flagelante.
Pero, cuidado, a veces en un final está el principio.
Si algo está muriendo, es correcto sospechar que algo está naciendo. Pero eso es tema para otro bulevar… con su permiso.

