Los resultados están ahí como los hechos, tercos e inamovibles.
La ventaja de la candidatura de Danilo Medina sobre Hipólito Mejía remite fundamentalmente al hecho de que sólo uno de los dos partidos está haciendo sus tareas político-electorales como manda el librito.
Danilo viene de un silencioso trabajo en la sociedad civil desde su salida del gobierno. Por eso la debacle electoral de su candidatura en la clase media ilustrada (Guido diría «perfumada») no es mayor, y miren que uno la percibe grande.
Medina y Leonel Fernández pactaron la reconciliación política y lo que es más importante ellos y los demás miembros de la OTAN entendieron que no podían desaprovechar la presencia de Margarita Cedeño en la boleta, lo que involucró aun más a Fernández en la campaña. El PLD está electoralmente unificado, con tres frentes independientes y de luces propias cada uno.
Mientras esto ocurría, en el PRD no hubo manera de lograr algún tipo de acuerdo entre Vargas Maldonado y Mejía, y mientras la candidatura perredeísta iba perdiendo la ventaja que en agosto del año pasado era de 15 puntos, Mejía tomó una decisión trascendental que puede haber definido su suerte en las elecciones: La alianza con Hatuey de Camps, que incluye la dirección y vocería de la campaña. Y es que la presencia del Cacique en la campaña no es el fruto de que éste hubiera logrado el anhelado entendimiento entre su compadre Miguel y su archienemigo político de hace apenas unos meses, don Hipólito, y que es lo nosotros le habíamos exigido durante los dos últimos años en cada una de sus comparecencias en nuestros programas. ¡Fracaso total!
Si Hatuey lograba unir a HM y MVM (como habían logrado entenderse Medina y Fernández), con una ventaja que en noviembre era de más de 5 puntos, las posibilidades de triunfo de Hipólito eran inmensas. Pero no ha ocurrido así.
La alianza HM-de Camps no se ha dado para lograr la unidad de las dos tendencias que dirigen hoy al PRD, que era nuestra propuesta sino todo lo contrario, y lo ocurrido en la Cámara de Diputados y expresado por Rudy González, vocero de la bancada perredeísta, lo demuestra.
El pacto radicaliza a la tendencia de quien es el presidente del partido, gobierna parte de su estructura dirigencial y obtuvo más del 47% de los votos en las primarias presidenciales, además de ser dueño de una fuerza municipal y sobre todo legislativa que en varias oportunidades ya ha exhibido sus músculos. Rudy y Fiquito son dos ejemplos.
El no alcanzar una negociación con Vargas, que incluyera que el candidato vicepresidencial no fuera su seguro contendor en 2016 (Abinader) puede haberle costado la presidencia de la República a Hipólito Mejía.
El PLD hizo su tarea cuando logró la unidad y su poderosa OTAN aceptó (con bembita y a regañadientes, pero aceptó) que Danilo llevara como compañera de boleta a quien actualmente y según las encuestas es la política mejor valorada por la población, incluidos los no peledeístas, lo que vale oro cuando en una contienda la ventaja es tan mínima que roza el margen de error.
El PLD hizo su tarea. Que el que el PRD no haya hecho la suya puede haber definido el ganador del 20 de mayo. Pero cuidado, que según Joe Torres, los juegos de pelota no se terminan hasta que se acaban. Las campañas electorales tampoco.

