En el último trimestre de este año o el primero de 2013, el próximo gobierno deberá realizar una reforma fiscal integral. Para llevarla a cabo necesitará llegar a acuerdos con los afectados que seremos todos, unos más que otros, pero todos.
El momento de las negociaciones del gobierno con los sectores empresarial e industrial y la representación más lúcida y mentalmente saludable de los progresistas del país, el Centro Juan Montalvo, será la gran oportunidad para cantarles verdes y maduras a la partidocracia reinante que desde los distintos poderes administra el Estado.
En la actualidad tenemos un Estado que ha ido empeorando en lo que al uso de los recursos del Estado y su nómina. Cada gobierno supera al anterior en gastos fatuos y nominillas. Y es que los partidos gobernantes no están por la labor de suicidarse llevando -por propia iniciativa- la racionalidad al gusto público. Recuerden que nuestro mercado electoral -con el que se ganan elecciones- es clientelista y practicante del damelomío y el salvesequienpueda.
Por lo anterior, la racionalidad solo llegará a la administración del Estado si es impuesta militantemente por los afectados del clientelismo y el parasitismo de ese ogro filantrópico, que dijo Paz, y que tiene su más vergonzosa expresión en que el 80 por ciento de los vice ministros del Estado son inorgánicos, que es un eufemismo de la palabra botella; para no hablar del caos del mundo diplomático donde por comprar un partido y complacer a una clase media que quiere que el Estado le mantenga los hijos estudiantes cobrando en las embajadas del mundo, se han permitido todas las bellaquerías que pueda usted imaginar.
La partidocracia ríe.
Y entonces, ¿de dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena en este país de Niños yunteros?, ay, Miguel Hernández.
En agosto, ni Danilo Medina ni Hipólito, aunque ahora me lo juren frente a la Basílica, estarán en disposición de desmontar el entramado de clientelismo, parasitismo y corrupción que existe en la nómina pública desde siempre y empeorando, ¡OJO!, a menos que el CONEP, el Centro Juan Montalvo y el Bonó, usted y yo, y el honorable Club de los Pendejos en pleno, nos lancemos a las calles -civilizada y militantemente- a decirles al Presidente de turno y a los presidentes de las dos organizaciones políticas reinantes: No más señor. Hasta aquí llegamos. Todito te lo consiento menos faltarle a mi madre. Los gobernantes llegan hasta donde los ciudadanos se lo permiten. No lo permitamos.
La reforma fiscal integral, además de una desgracia, puede ser una gran oportunidad. Aprovechémosla.

