Pablo McKinney
Amarrar el amor al sexo, ha sido una de las ocurrencias más extravagantes del Creador.Milán Kundera
Todos tenemos derecho a ellas, ¿por qué no?
Ahora que hasta los políticos acuerdan y los curas enamoran, amigos y amigas del bulevar, es hora ya de una confesión madura, hora de que asumamos de una vez y por todas nuestras más sentidas fantasías y las llevemos a la más gozosa y divertida práctica.
No hagamos caso de psicólogos straits ni curas conservadores.
La vida es una sola, y quizás en algún bar de buena vida, nos está esperando, burlona, la muerte.
Ya lo cantó mi maestro Sabina en sus tiempos de juglar maldito de las noches madrileñas:
La buena reputación/ es conveniente dejarla caer/ a los pies de la cama/
hoy tienes tú la ocasión/ de demostrar que eres una mujer/ además de una dama.
Voy a comenzar contigo, amiga. Ahí voy. Respóndeme sin ruborizarte, y dime:
-¿Te gusta que te soben?
-Tan poco es para tanto, no tienes que responderme así, amor.
-Te lo vuelvo a preguntar de mejor manera: ¿Te gusta que te acaricien? ¿Te gusta que te rocen, que te hagan sudar?
-¿Te gusta sentir otro aliento a tu lado?
Guarda tú timidez para pasado mañana y responde:
-¿Te gusta que te respiren en el cuello y se apoyen en tu hombro?
-¿Te gusta adoptar nuevas posturas? ¡Bien!
Ahora voy contigo, amigo, ¿eres de lo que gusta llegar al fondo o prefieres quedarte en la entrada?
¿Te gusta subir? ¿Te gusta bajar? ¿Te gusta entrar? ¿Te gusta salir? ¿Te gusta entrar frío y salir caliente y sudado?
Aceptado todo lo anterior, entonces, es el momento de invitarles a todos y a todas a montarse en una guagua voladora a las siete y media de la mañana, en Gómez con Ovando.
De la política y sus acuerdos hablaremos el lunes. Muchas Gracias.
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