El Acuerdo (1)
Y entonces, cuando peor andaba la partidocracia nacional, surgió este pacto que viene a ser como el penúltimo cuplé de una clase política que comenzaba a hacer aguas por sus descuidos, traiciones y sus olvidos.
¡Pues, claro que estoy pensando en Peña Gómez y Juan Bosch!
Hoy se ha hecho realidad la vieja sentencia garciamarquiana: Los conservadores y los liberales sólo se diferencian en el hecho innegable e histórico de que los primeros siempre visten mejor que los segundos: Ito Bisonó, por ejemplo, siempre anda mejor vestido que Narciso. Doña Lila se lleva de calle a doña Milagros, mientras Quique Antún debería prestar ayuda al Gordo Oviedo, que parece un electricista brasileño en el paro, imagina uno que por la mala influencia de su amigo Lula. En el país, la primera evidencia de conservadurismo político es un traje a la medida de Hipólito Peña, y una amante rubia, pero menor de 30. (Según me cuentan.)
El acuerdo Leonel – Miguel ha venido a remover y resituar a una clase política amuermada en sus miedos, desprestigiada como un loco, faltosa como un hijo malcriado y tan alevosa como siempre.
Es cierto que al ser firmado entre el vocero autorizado del PLD y uno solo de los dirigentes del PRD sin autorización partidaria, el pacto pudo afectar la institucionalidad del partido blanco pero, cómo afectar lo que no existe: ¿Cuál institucionalidad? ¿De qué estamos hablando? Hablamos de unas maquinitas de restar votos blancos, que no han sido capaces de alcanzar mínimos acuerdos internos para plantar cara con argumentos y propuestas a un gobierno nuevo que parece viejo y cuyo discurso más feliz en el proceso electoral 2008 fue el cuco que esa mismas máquinas de restar votos representan, expresado en esta morada página/bolero: ¡Para que no vuelvan!?
Al país, a la democracia, y al propio PLD y su gobierno, le hace falta un PRD organizado, saludable, con capacidad para ejercer una oposición con responsabilidad, argumentos, propuestas y acciones.
La democracia somos todos. Los poderes absolutos se corrompen absolutamente, olvidan como sonámbulos, y, claro, mienten como mienten todos los boleros, según la tesis político/filosófica del doctor de Úbeda, don Joaquín Sabina. Mañana sigo. Contacto en:
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