Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

A mis Yolanda en el día de Las Madres

A doña Mercedes Morillo.

Es tan fácil, tan simple esto de escribir sobre las madres. Esto de reconocer tanto amor bendecido, tanto “aquíestoy”, tanta vida. 

Fácil, porque con los años ese amor aumenta, y se percibe más clara la luz de aquel faro.

Hablo de Las Yolanda. Son tres madres: La mía, la de mi fraterna Martínez, y la del ciudadano Leonel. 

A las tres las tengo en especial estima, y por razonces diferentes:

A la señora Zarzuela por la paciencia de criar a Yolandita (domesticar aquel ego sano, esa inteligencia creativa y rebelde debió ser proeza de una Diosa con paciencia de Jobinita),  a la señora Reyna, porque simboliza el ejemplo de lo que es capaz de hacer una mujer humilde para formar en la soledad de las noches y el frio neoyorquino a un hombre de bien que debió terminar en malos pasos, tigueraje full, o en el mejor de los casos, enganchado a pastor fundamentalista de esos que hablan demasiado. Y ya ven, ha terminado dirigiendo el país.

De la mía, la Ortiz de Baní, no quiero decir nada. Es tan fácil reconocer lo evidente. Ella fue/es la del cariño y el mimo, la de las pelas y el boche preciso y exacto, la de la disciplina implacable porque a mis ocho años nunca me dejó ver El Gran Chaparral en la tele porque había que acostarse a las nueve. Y a mis trece años, tampoco permitió –e hizo los amarres con mis amigos del MPD para evitarlo-  mis visitas a lugares poco santos pero que habitaban princesas de Ocoa y de Mao, por lo que tuve que esperar hasta los trece para conocer la gloria, o  más bien a Rosa.  

Escribir un bulevar de amor a las madres. ¡Joder, qué tontería! Si es algo tan fácil, cómo agradecer a Dios el haberme permitido conocer y amar alguna vez a una mujer que la Magdalena me presentó en una Masía de Cataluña, y a la que llegué a admirar no solo por su palabra, su boca y sus caderas, ay, sino también por haber sido testigo de sus desvelos de santa por sus hijas.

Este bulevar no se lo cobró yo a don Pepín. Este va por la casa, Manuel.

Demasiado fácil, esto de homenajear a esa madre amante, ay, a doña Mercedes Morillo, a mis Yolanda, a la del Profesor, y a todas las que alguna vez en librerías y tiendas me han regalado un abrazo por un bulevar que hasta guardan en sus carteras y leen a sus hijos.

¡Qué simple es esto de ser feliz desde el amor! Gracias.

El Nacional

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