Opinión

El Bulevar de la vida

<P>El Bulevar de la vida</P>

Que la educación es tema prioritario, primario y número uno de la sociedad dominicana no es una afirmación original ni innovadora, pero es cierta.

 Honrando su compromiso con el país que un lunes se vistió de amarillo, el  presidente Medina asignó -como desde hace 14 años manda una ley-, el 4 por ciento del PIB a la educación pre-universitaria.

La medida es correcta, sí, pero si el Estado no asume su responsabilidad frente a los reclamos salariales de los servidores del Estado en el área educativa, corre el riesgo de que los más de 50 mil millones aumentados para sacarnos del liderazgo negativo en Educación que poseemos en América Latina, se dilapiden sin tener el efecto deseado, y llegue el momento en que nuestros alumnos dirán como George Bernard Shaw: “mi educación fue muy buena hasta que me la interrumpió la escuela pública”.

Mientras los hijos de la clases medias/altas reciben seis horas diarias de educación, la mayoría de nuestros niños y adolescentes reciben dos horas y media de docencia diaria, y el promedio sigue bajando. Hasta para echar un papel en una urna en el más reciente plebiscito de la ADP hubo de perderse un día de clases… y una M que no es de miércoles, don Radha.

Si algún padre quiere saber la magnitud de la crisis de nuestras escuelas públicas, que tome los cuadernos de sus hijos y vea la letra y gramática de sus profesores. ¿Y entonces? ¡Cómo puede alguien enseñar lo que no sabe!

La calidad de la educación dominicana pasa ante todo por la capacidad, dedicación y formación de los maestros, además de la responsabilidad paterna, of  course, pero ese es otro tema.

No es aceptable, -aunque a corto plazo sea politiqueramente conveniente-, dedicar la mitad del aumento del presupuesto en Educación a aumentar el salario de TODOS los profesores, sin evaluar qué porcentaje de estos no está en capacidad ni siquiera de superar una prueba sobre la materia que imparten.

El Estado debe dignificar la labor magisterial con salarios que, establecida ya la tanda única, supere los RD$50 mil, con aumentos bianuales según el IPC del periodo. Y que en cada provincia haya un barrio construido para maestros, donde vivan los directores y los profesores que hayan tenido el mejor desempeño en los últimos 10 años de trabajo. Y deben ser pensionados con una paga extra por servicios prestados todos los que califican para ello; y también los que, evaluados exhaustivamente, no superen el 60% de las pruebas de desempeño y capacidad. Y debe aumentarse el salario según aumenta la capacidad y capacitación del docente.

Hablo de meritocracia y desempeño. Oiga usted. La élite profesoral del esfuerzo y la inteligencia. Que el ministerio pague los estudios de maestría del mejor maestro de cada año en cada municipio y le aumente automáticamente un 10 por ciento.

Todo esto es poco, y debe llevarse a la práctica YA, pero no con TODOS los  docentes, sino con los que tenga y muestran la capacidad y dedicación para seguir siéndolo.

El Estado debe priorizar la educación dignificando el oficio de Maestro (así con mayúscula), pero en esa priorización y dignificación no caben quienes no tenga la capacidad para la labor.

Sin maestros capacitados e incentivados, todo lo demás será apenas imagen y public relations… aunque las clases se den en salones con aire acondicionado, plasmas e internet.

Es el hombre, estúpido, el hombre, que según don Protágoras de Abdera, -a quien saludé el viernes en Lucía-: “es la medida de todas las cosas”. Con su permiso.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación