Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

         El informe de Desarrollo Humano que para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) elabora cada año un valioso equipo de profesionales bajo la coordinación de Miguel Ceara, es/era un instrumento de gran valor para la información periodística, para el debate intelectual y si quisieran los señores, para la elaboración y aplicación de políticas públicas desde el Estado, of course.

         Cada año, el INFORME, sin importar si Hipólito o Leonel gobernaba, venía a demostrarnos empírica y factualmente que el nuestro no es el país de Alicia en su maravilla, aunque Alicia también tenga un informe.

         Como era de esperar, en cada presentación de la cosa, cada gobierno hacía sus “bembitas” metodológicas, su “chuípiti” de protesta, uno con más diplomacia que el otro, pero la hacía. Y no era para menos.

         Mientras esto ocurría, uno se acostumbraba cada vez más al frugal desayuno que el PNUD ofrecía a periodistas, intelectuales, funcionarios y políticos para la presentación detallada de la pieza. (Lo más importante al intelecto y la lucha social era el informe, es cierto, pero lo más atractivo de aquella faena de las ciencias sociales era volver a ver las piernas de las secretarias y asistentes de la sede de la ONU en el país,  y sin pedir permiso ni ser acusado de acoso.)

         El INFORME ofrece/ofrecía los elementos del debate sobre el presente y el futuro de la nación en un tema en especial. Así, gracias al INFORME, es de público conocimiento que la de RD es la economía que más ha crecido en la zona y también la que peor ha repartido su crecimiento; que no hay correspondencia entre las felices cuentas nacionales y la felicidad estomacal y social de las grandes mayorías. Sólo que el Informe PNUD lo dijo, sólo después de demostrarlo científica y objetivamente.

Creo que en el centro del desmembramiento de este equipo, entre otras cosas, está en la gran cobertura mediática que ya recibía cada año su Informe. Y es que ya sus datos y resultados no eran sólo asunto de tertulias de intelectuales en patios o cafeterías, sino que éstos eran amplificados por las redes sociales y llegaban a decenas de programas de radio y Televisión del país. A tal punto llegó el Informe en su labor didáctica, que ya usted encuentra en Jánico a  un señor que habla de que hay que “empoderar a la gente”, o que el desarrollo no debe ser cosa del poder sino de los derechos de la gente.

        Entonces, como hiciera Hugo Chávez con Radio Caracas Televisión, se esperó el cumplimiento del contrato de trabajo del equipo, y se le suicidó con cariño y una placa… y una M que no es de miércoles, don Radha. 

         Tal que, como ven, las mezquindades profesionales, el ego herido, los celos malditos celos y el temor al poder y sus malos juegos, han logrado evitar que cada año pueda uno visitar el PNUD para enterarse del correspondiente Informe de Desarrollo Humano y sus resultados, es cierto, pero también y sobre todo por volver a ver las piernas cibaeñas e internacionalistas de sus asistentes y secretarias.

El Nacional

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