Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Digámoslo de una vez, de todos modos la historia es apenas una pasión de hechos esperando ser contados para llevar luz al ignaro corazón de los hombres.

Quiero decir y digo, que la dignidad y el decoro personal del Profesor Juan Bosch,  como ocurre con algunos amores, les ha quedado grande a muchos de sus hijos, como en 1963 le quedó grande su ejemplo y su talante democrático a una clase dominante servil y traicionera que como siempre llegó tarde a la historia y a la llamada del honor y de la patria. Eran años terribles.

Está de más escribir (no pretendo hacerlo), que esos traidores murieron, morirán, mueren, están muriendo, les darán su nombre a una calle de la urbanización Fernández, le harán tres homenajes con muchas flores blancas y demasiados trajes oscuros, pero dentro de diez años nadie les recordará salvo por el horror de sus hechos, sus complicidades, sus silencios, y las consecuencias de todo esto. 

En cambio, cuando algún día nuestros nietos funden un país donde el decoro vuele entre los niños como si fueran las mariposas amarillas que revoloteaban en el junio de nuestra infancia; cuando las tardes al morir solo sean el anticipo de una reunión de amigos y valga la pena ser dignos y no sea excepcional ser honesto, honrado; cuando sea mayor la luz que la oscuridad, y por cada traidor triunfal y arrogante halla un pelotón de hombres felices porque Dios le regaló la oportunidad de servir a su gente; cuando llegue ese día, estoy seguro que uno de los padres de esa nueva gran nación se llamará Juan Bosch, y estará sentado a la diestra del Dios/Patria, o sea, de Juan Pablo, el Duarte, el mismo que resume en su nombre, su vida, su entrega, su ejemplo, toda la dignidad que entre traiciones, corrupción, mano blanda, silencios y olvidos hemos perdido. Ya amanecerà algún día.

El Nacional

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