Fue la estrategia de supervivencia política denominada Impunidad por Gobernabilidad, la que brindó al gobierno del PLD 2004-2008, la paz social necesaria para lograr una recuperación de la estabilidad macroeconómica que ha mantenido durante casi ocho años y dos crisis mundiales, incluida la crisis financiera de 2008, que todavía anda por Europa desmontando gobiernos y poniendo en peligro el Estado del Bienestar.
Pero al mismo tiempo, la misma estrategia provocó lo que todavía hoy es percibido por la población como uno de los mayores hándicaps de la administración peledeísta: La corrupción.
Hablo de la percepción popular de que la rueda de corrupción que inauguró un amante de doña Leonor de Ovando en un callejón de la calle de Las Damas, y continuó con Lilís siglos después, no dejó de rodar con la llegada del PLD al poder, sino que al aumentar el PIB y los montos del Presupuesto Nacional, también aumentaron los montos de lo obtenido en las malas artes de la corrupción.
Aunque pruritos morales aparte, lo del aumento de la supuesta corrupción o enriquecimiento meteórico de algunos funcionarios altos y medios del gobierno, era algo esperado. En un mundo que anda buscándose a sí mismo, donde han desaparecido los controles sociales; un mundo sin líderes, Dios ni ideología, la tentación era muy grande. Y la lógica, mortal. Ya me explico.
Si en 2004 no hubo Depreco, Fiscalía ni Ministerio Público para las supuestas fechorías de ex funcionarios del pasado gobierno, recopiladas en 34 auditorías anunciadas desde el Palacio Nacional por el entonces secretario de la Presidencia, Danilo Medina, ¿por qué iban ciertos chicos malos del peledeísmo peor, traidores a la ética obsesiva de Bosch, frenar sus apetitos de ascenso social a través de la corrupción o la prevaricación, en una sociedad que todo te lo perdona menos la pobreza?
Y así, una vez más, a pesar de Bosch (como en el PRD en 1978-1986)- en el PLD comenzaron a soltarse los demonios.
Pero mientras el gobierno pagaba el alto precio de haber logrado el milagro de la estabilidad macroeconómica, otro dilema iba a acrecentar sus contradicciones ideológico-políticas, e iba afectar su aceptación en los círculos intelectuales y periodísticos de la clase media ilustrada. ¿De qué estamos hablando? Hablo de ejercer el poder desde dos agendas políticas e ideológicas contradictorias entre sí. La agenda librito de Joaquín Balaguer, y el librito agenda de Juan Bosch.
De eso hablaremos mañana con toda seguridad, ahora que ya sé que Dios, don Pepín y don Radha así lo quieren y lo han autorizado.

