POR Pablo Mckinney
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Morir de éxitos
La historia la escriben los vencedores. Es cierto, pero, ¡ay, de la digna gloria de los vencidos!
Como ocurre desde 1966, cada fin de gobierno -o la continuación del próximo si hay reelección- es aquí la malvenida de un desengaño, el funeral adagio de un desencuentro.
Así ocurrió en el final del gobierno de Don Antonio.
El de Jorge Blanco, después de aquel abril 84, no tuvo nada más que hacer ni decir. Tan mal terminó aquello, que provocó la vuelta al poder de JB, en 1986.
En el 2000, -con el PEME matando a Bosch antes de muerto- el PLD fue incapaz de sancionar las primeras perversidades cometidas en un proceso electoral interno, o condenar al entonces reducido grupo de funcionarios que se había enriquecido desde el erario. Y volvió el PRD/PPH al gobierno, y para qué más detalles, lo demás está en mi libro: El año que vivimos en peligro; y retorno el PLD, como un penúltimo mohicano de esperanza que con un 57.11% de los votos -y un PRD más desacreditado que un vendedor de carros usados- tuvo en sus manos la oportunidad de revivir a Bosch, o sea, apostar a la revolución social por liberar de la pobreza a los dominicanos y enamorarlos de dignidad y decoro, al fin, para eso había creado el viejo ese partido. Esta vez, no había Frente Patriótico que mediatizara acciones o recomendara impunidades. Pero no.
Viejos polvos trajeron nuevos lodos. Y ante un mercado electoral marcado por el conservadurismo, la sombra trujillo-balaguerista, y ante un PRD que Peña había conectado con las fuerzas liberales del país, el PLD decidió girar a la derecha y acelerar el proceso de adquisición del PRSC como franquicia simbólica de la derechona y la nómina del Estado lloró, palideció don Juan, pero la flecha estaba en el aire. Algo había cambiado en ese partido, que en mayo 2008 ganó las elecciones pero perdió fe, ilusión, esperanza, le falta un sueño, va herido de olvidos, viudo de utopías, en fin, que anda triunfante, muertecito de éxitos. ¿Renacerá de sus triunfos?

