Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

La tercera ola (3)

Gracias al PEME, una solidaridad mal comprendida, y las irregularidades de la campaña interna de 1999, el deterioro ético del PLD presentó formales credenciales, y Juan Bosch, como aquel cadáver de César Vallejo,  “ay, siguió muriendo.” 

Y llegó 2004.

En su segunda ola, Leonel Fernández, convertido ya en un zorro de la política y el poder, siguió impulsando la mejoría o construcción de toda la estructura jurídica e institucional necesaria para hacer avanzar al país.

Su equipo económico, el Banco Central ha sido la estrella, logró recuperar la estabilidad y la confianza después de la debacle del 2003. La S.I. de Bancos se lució en proteger a los clientes del sistema financiero nacional en varias crisis bancarias. DGII logró una eficiencia y credibilidad pública como nunca antes, mientras con temores y  lentamente -como suero de miel de abejas- la Ley de Seguridad Social comenzó a ser aplicada, lo que representa el hecho más revolucionario de todos nuestros gobiernos supuestamente progresistas, aunque eso sí, otorgando siempre su “ración de boa” a unos grupos insaciables como un hambriento, voraces como un lobo asustado. Pero los pobres nacionales tenían al fin una ley y unos derechos que habrán de revolucionar sus vidas cuando un gobierno se atreva a llevarlos hasta las últimas consecuencias. Y avanzó una Ley administración Pública, otra de Salarios, se elaboró el Reglamento de la Ley de Migración, se promulgó la Ley de Compras y Contrataciones del Estado. Sin embargo, algo ha impedido que todo ese entramado jurídico institucional -mérito de la visión política de LF- funcione y sea llevado al mundo feliz de la aplicación cotidiana. 

El pragmatismo clientelista de Balaguer, que tan buenos frutos electorales inmediatos le ha dado al PLD desde aquel triste junio de 1999, le ha robado a ese partido sus esencias boschistas, ¡craso error!, pues los partidos, como los amores verdaderos, ay: cuando desaparecen los principios que inspiraron su nacimiento perecen con ellos o se convierten en falsa, sainete, caricatura en gris, un chiste malo. Por todo esto, este es el tiempo definitivo de los hornos, o sea, el momento histórico de iniciar en el gobierno del PLD la Tercera Ola, o tristemente «morir de éxitos»  ante la historia.  «Pero el cadáver, ay, siguió muriendo.»

El Nacional

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