Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

         Se entregan a los jóvenes en las calles de Bruselas, los reparten felices una jovencitas sonrientes en la parada de autobús, a la salida del mall, a la entrada de un colegio. Es el “permiso de seducir.”

      En Bélgica, un genio de la publicidad al servicio de la sociedad se ha inventado el carné de seducir, paráfrasis genial del carné o licencia de conducir, como le llamamos aquí.

         El permiso de seducir es una réplica del otro, el de conducir, que los jóvenes belgas han tomado con alegría y algo de morbo, que estas cosas del fornicio siempre mueven a picardía y doble sentido. 

         El SIDA, como la gran peste de las últimas décadas que es, acecha también -sin miramientos- al joven europeo que en estos tiempos tan liberales vive en el peligro del contagio. En nuestros tiempos juveniles, como bien recuerda Facundo, hacer el amor era tan difícil que más que un pecado era un milagro.  Ahora, según me cuentan, le dice usted a una joven que se siente… y la muy hija de su santa madre, se acuesta.

         Lo cierto es que, llegados estos tiempos de fornicio en todas partes, donde quiera y con quien se pueda, las tasas de afectados por la enfermedad han ido en aumento y algo había que hacer.

         Los belgas franceses se han inventado este “permiso de seducir” con el que andan los jóvenes belgas y franceses como si fuera la tarjeta de un general policial de los doce años o un carné del partido de gobierno. Un salvoconducto de placer sin temor, de orgasmo sin miedo. Un éxito. Una chulería, don Radha.

         El carné de seducir trae su condón adherido a la parte interior, y allí tiene también informaciones precisas sobre la enfermedad, teléfonos, e mail, direcciones de contacto, y explica cómo debe ser colocado el condón, y ofrece didácticas respuestas a preguntas repetidas y fundamentales, como por ejemplo, si el SIDA se contagia por la saliva o la sangre, al practicar sexo oral, o si el uso del condón disminuye el placer durante la relación sexual. Deja muy claro que la enfermedad solo se contagia por sangre, semen o flujos sexuales.

         En fin, que el encuentro con este permiso de conducir fue un gran descubrimiento que quiero compartir, no sólo con los lectores del bulevar, sino con las autoridades de Salud Publica y COPRESIDA, para que salgan en procesión de vida a repartir estos permisos de seducir, como se reparten mentas verdes en los entierros, que es en lo que, felizmente, termina este juego del amor y fornicio, ahora en grave peligro por culpa del SIDA.

         Para evitarlo, entreguemos a los jóvenes -y a los no tanto- un condón como permiso de seducir. Ahí queda la propuesta belga. A ver qué dice el Dr. Gustavo Rojas, del COPRESIDA.

El Nacional

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