El humano invento del amor
¡Resucitaremos aunque nos cueste la vida! Grafiti en Palermo.
La frase nació del imaginario popular dominicano, pero don Juan Bosch la hizo suya: Nunca es más oscura la noche que cuando va a amanecer.
Pocos problemas nos quedan a los dominicanos por padecer y afrontar. Y es que de repente hemos tomado lo peor de los dos mundos para una sola tristeza. Y así, económica y socialmente nos vamos haitianizando hasta en los semáforos. Pero al mismo tiempo, tanta familia desecha, tanto capitalismo salvaje, tanta solidaridad perdida, nos ha llevado a la otra pobreza: la existencial, la de los afectos, que siempre cito. Ya a ningún niño, una vecina le envía un plato de locrio de pollo con bija para acompañar su almuerzo. Ya los amores se buscan por Internet y se hacen conquistas en Facebook, según me cuentan.
Corren malos tiempos para el alma y el espíritu, para el estómago y la sed. Ya se han hecho ciertas las proféticas palabras de Cabral: el mundo tiene dos caras, como la civilización, una se muere de hambre y la otra de indigestión.
Sin embargo, a pesar de estos pesares, -perdón por el optimismo-, algo ha comenzado a cambiar lentamente en la gente. No sé si lo habrán notado, pero cada día más personas se agrupan en tertulias de parejas o de amigos, intelectuales o no, para, por ejemplo, quererse en viernes con el Silvio de fondo: (¡Cuánto nos puede curar el amor, cuánto renace de tu mirada!)
Poco a poco, cada quien va creando su propio Comité Central del Cariño, su CCC, en torno a la familia, sus Paola, los amores, los amigos, el Dios de los pobres que nos robaron entre mentiras y cinismo ese Dios-Patria que perdimos y entre todos nos vamos a inventar, estamos inventado entre palabras, sueños y algún beso. Por cierto: El lago parece mar, el viento sirve de abrigo: todo se vuelve a inventar si lo comparto contigo. Buenas tardes.

