Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Nada debería cuidar tanto una institución, como su credibilidad.

Como escribió alguien que ahora no me acuerdo, “lo triste no es que me hayas mentido, sino el saber que de ahora en adelante ya no podré creer en ti”

La credibilidad, por escaza, es el bien más preciado de una institución. Y, por supuesto que también de una persona.

Y es que, perdida la credibilidad, se ha perdido casi todo. Digamos que es algo así como perder un tren en madrugada, la sintaxis de un discurso, como perder la fe frente a una iglesia o un gran amor en primavera,  (si es domingo, ya es tragedia.)

Puede que llegue incluso el momento en que estemos hablando una verdad, que la razón y el derecho nos acompañen, pero de nada vale ya: el mal ya está hecho, la flecha ya está en el aire. 

Toda esta querella filosófico-intelectual viene a caso por lo que ocurre actualmente con nuestra Policía Nacional y su imagen frente a la población. 

Perdida ya su credibilidad, todo se le dificulta a la PN. Nada ocurre en donde participe la uniformada que no nos conduzca a su condena automática, anticipada,  subjetiva, prejuiciada.  El ciudadano no confía en la Policía.

Los “intercambios de disparos” como justificación para asesinar a presuntos delincuentes han existido desde siempre, pero también existen los intercambios verdaderos en los que delincuentes agreden a la Policía a tiros, (y mejor armados que ella), y al morir en el enfrentamiento todos les ponemos las comillas a lo que fue un intercambio de disparos verdadero, sin comillas. 

Es lo que ocurre con los disparos contra los ciudadanos que no se detienen ante un alto policial. Hay ocasiones en que las patrullas se encuentran con delincuentes,  segundos después de estos haber realizado un atraco, cometido un asesinato, y al darle el alto sus agentes son recibidos a tiros, pero nadie cree en la versión policial. 

Por eso, en la comunicación política, como en la vida, es tan importante no mentir.  

Queda aquí el consejo.

Ojalá y el nuevo jefe policial,  que tan buena hoja de servicio posee, leído este bulevar, comprenda la urgente necesidad de recuperar la credibilidad de institución. Una credibilidad, que hoy es menor a la de un vendedor de autos usados del sur del Bronx, o peor, menor que la de un político en campaña, en un mayo electoral.

El Nacional

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