Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

“¡Loco! No ves que va la luna rodando por Callao…”  Horacio Ferrer

Un pobre país de locos andaluces pasados por África. Mulatos descafeinados que 40 años después, no saben qué hacer con la libertad y la democracia que le legaron sus héroes.

Todo eso somos los dominicanos, y me pregunto en qué jodido momento lo decidimos.

¿Cuál fue el instante en que el país perdió la capacidad de discernir entre lo importante y lo principal, y definir sus prioridades?

Pobrecito país “piantao, piantao, piantao”, (loco) que mientras sus fiscalías son la suma de todas las precariedades, y la de la provincia de Santo Domingo (que acoge al 25% de la población nacional) recibe un millón doscientos mil pesos mensuales de presupuesto, la Cámara Diputados asigna unos 20 mil pesos mas de esa cantidad (14 millones de pesos al año) al “vestuario” (¿?) de sus miembros y empleados.

En el ministerio público y el sistema judicial queda casi todo por hacer y sobre todo por mejorar, sin embargo, el Estado Dominicano acaba de darse el devaneo primermundista y chulito de establecer (ya estaba en la Constitución) la oficina del Defensor del Pueblo, que es algo que se inventaron los países altamente desarrollados institucionalmente para afinar la puntería y acercar aún más su sistema judicial al ciudadano.

Tanto ha perdido el Estado dominicano la capacidad de definir sus prioridades, que habiendo permitido que nuestro país haya llegado a ser líder negativo continental en embarazos de adolescentes, mortalidad materna, calidad de la educación primaria, horas de clase a los estudiantes; este infeliz país, ya digo, sin las estancias infantiles que manda una ley desde hace diez años, esa nación de machistas leninistas con vocación homicida contra la mujer, y cuyo ministerio público posee apenas dos centros de acogida de mujeres maltratadas en todo el país, ese mismo Estado, (¡qué vaina!) inauguró ayer un parqueo “moderno, sistematizado, múltiple, grado a grado y computarizado” a un costo de RD$498,449 cada estacionamiento. Hablo de un parqueo que bien envidiarían las oficinas públicas de Dubái, o los edificios de la burocracia europea de Bruselas.

Y pensar que dos de cada diez dominicanos por no tener no tiene ni esperanzas, y cuatro de cada diez viven atrapados en la maldición de la pobreza.

¿En qué instante perdió este país la capacidad de discernir entre lo importante y lo principal, y definir sus prioridades?

Pobre país aplazado y “piantao piantao, piantao”.

El Nacional

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